El fracaso del populismo alemán: lecciones para América Latina

El Estado federado de Renania de Norte-Westfalia experimentó un fuerte crecimiento industrial que consecuentemente produjo una mano de obra abundante. Al día de hoy, siendo en extensión territorial el cuarto más grande de Alemania, es el más poblado con 18 millones de habitantes concentrando el 25% de alemanes con derecho a voto.

La clase obrera, como en el resto del planeta, tenía  una clara orientación socialista que luego de la proscripción de este partido encontró su nicho natural en el partido socialdemócrata (SPD) convirtiendo al Estado en un bastión de la socialdemocracia en una Alemania socialcristiana.

No obstante, luego de mas de cinco décadas de gobierno del SPD en Renania de Norte el estado de la educación, la seguridad ciudadana, el aumento de la burocracia, el colapso de la infraestructura, el rezago en la digitalización y el aumento escandaloso de la deuda que asciende a 144mil millones de euros, fueron los detonantes para que la CDU (socialcristianos) ganaran los comicios celebrados el pasado 14 de mayo.

El resultado es una clara señal de la fortaleza con la que Angela Merkel enfrentará las elecciones de setiembre en las que buscará su cuarto periodo al frente de la Cancillería, pero deja en evidencia otra valiosa lección: El fracaso de la llamada “Alternativa para Alemania”(AFD), un partido ultraderechista que había visto un crecimiento significativo a partir de la crisis de los refugiados que Europa y especialmente Alemania han acogido.

En América Latina un escenario así en dónde el sistema no logra encontrar una salida es el ideal para que los populismos de derecha o izquierda alcancen el poder con el llamado “voto protesta”. La insolvencia de los políticos para resolver los asuntos cotidianos que entorpecen el desempeño de los ciudadanos en temas tan importantes como la movilidad y el empleo, constituyen el nicho para los discursos antisistema.

Pero ¿por qué la AFD no tuvo un mejor desempeño en las elecciones? ¿Por qué si la CDU también había gobernado el Estado (aunque muchísimas menos veces) votaron por ellos y no por una tercera alternativa? ¿Por qué votar a otro partido tradicional? ¿Por qué no probar algo nuevo y romper por completo con el esquema de poder establecido por la tradición?

Es válido hacerse esas preguntas obviando el hecho de lo que implica la ultraderecha en la historia reciente de Alemania, no por que no tenga un peso fundamental en la decisión de no apoyar a la AFD, sino para encontrar una explicación que funcione mejor en nuestro entorno regional, local y nacional.

En primer lugar, el caso de una población con un nivel de educación importante obliga a los políticos a darle contenido a los temas, no solo a enunciarlos. Las personas saben que la economía está mal, que la infraestructura está colapsada, que la educación no funciona, que están rezagados, por lo que sí es posible generar empatía hablando de los temas asumiéndose como un afectado más, pero los electores no esperan solamente el qué, sino el cómo resolver esos asuntos.

En segundo lugar, la sociedad posee una identidad histórica con la que es necesario conectarse. Todos los países tienen una historia, hechos importantes que marcaron su devenir que no pueden ser obviados, menospreciados o rechazados; antes debe generarse una asociación positiva entre esos hechos y quienes aspiran al poder.

En tercer lugar, pero más importante, los populismos dependen de temas que ellos mismos no pueden generar. Estos movimientos no poseen una agenda programática, sino que dependen de coyunturas específicas (noticias) para alimentar su movimiento, de modo que tienen éxito los que logran entrar a la carrera electoral antes de que se acabe su materia prima, en lo que los medios de comunicación masiva juegan un papel determinante.

En el caso de la AFD para mayo del 2017 el tema de los refugiados no tenía tanta importancia como la tuvo meses atrás cuando salieron a la luz por lo que su discurso se vio agotado, sin contenido y con una asociación negativa con el pasado de Alemania reduciendo su desempeño a un 7.8% de los votos en las elecciones mencionadas.

Por el contrario, la CDU se presentó a la campaña electoral con una propuesta programática que le dio contenido a los problemas, con propuestas para resolverlos (generaron sus propios temas) además de contar con una asociación positiva con la historia y el futuro de Alemania.

El caso de este populismo burbuja en Renania no es exclusivo, al fracaso de la AFD se suma el de los populistas en Italia, Francia y los Países Bajos que auguran el triunfo de la razón sobre la estupidez. Pero ¿Qué hacer en países en dónde los niveles de escolaridad no son tan altos? ¿Cómo enfrentar los populismos en América Latina si la misma teoría de la comunicación política nos remite al sofismo?

La respuesta no es sencilla de encontrar y en lugar de saber cómo vencerlos, creo que les acabo de brindar un instructivo para consolidar su ascenso al poder. Lo cierto es que nuestras democracias están entrando en una época de cambios provocados por minorías corruptas o incompetentes que le abren el paso a estos movimientos. Por ello, lo mejor que podemos esperar es que si alguna persona o movimiento tiene posibilidades de acceder al poder por una coyuntura, le de contenido a su discurso y articule una propuesta que resulte en beneficio del conjunto de las personas que integramos en tejido social en América Latina mientras los políticos hacen un mea culpa por sus pecados ante la sociedad.

Estemos pendientes de México y Costa Rica, ambos países con elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina y con sus propios populismos burbuja: Andrés Manuel López Obrador y Juan Diego Castro respectivamente.

El Estado federado de Renania del Norte-Westfalia fue el centro del poder político y económico en Alemania después de la IIGM.

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