
Los resultados obtenidos por las fórmulas presidenciales del Partido Acción Ciudadana (PAC) en las cuatro elecciones en las que ha participado muestran una diferencia considerable con respecto a su real base partidaria.
Prueba de ello, además de la información que al respecto revelan los estudios de opinión pública, es que la votación a favor de sus papeletas para diputados siempre ha sido significativamente menor que la recibida para presidente.
Sin embargo, esperar o pretender que en el actual proceso electoral ese fenómeno se repita es, sin duda, una falsa expectativa.
Porque la mayoría del voto obtenido anteriormente por los candidatos presidenciales del PAC no ha sido un voto a su favor, ni en apoyo a su plataforma ideológica o programática, ni una adhesión a ese partido, si no, fundamentalmente, un voto en “contra” de los partidos “tradicionales”, un voto protesta, una manifestación de descontento, voto que les fue posible captar como partido “nuevo”, con su mensaje de “cambio” y su promesa de lucha contra la corrupción.
Pero el PAC ya no es novedad, ahora es un partido que se presenta a su quinta elección presidencial, que ejerce actualmente el poder ejecutivo, que nada ha logrado cambiar en su gestión gubernamental, que no ha cumplido muchas de sus promesas, principalmente las relativas al combate a la corrupción, por lo que es poco probable que los votos de los ciudadanos cansados de la demagogia o indignados por las faltas éticas de los dirigentes políticos le favorezcan en esta oportunidad.
El costarricense no olvida que a los pocos meses del gobierno del PAC se puso en evidencia que los compromisos incluidos en su programa de gobierno se empezaban a incumplir, como el de cerrar la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) y el Consejo Nacional de Vialidad, CONAVI, o como el de bajar las tarifas eléctricas y los precios de los combustibles, al punto de que el presidente Solís, para justificarse, confesó que “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”.
Tampoco los ciudadanos olvidan que muchas cosas que antes condenaban con rigurosidad y que prometieron que nunca harían, sin ruborizarse siquiera las siguieron haciendo igual o las incrementaron, como la viajadera, las consultorías y la publicidad gubernamental.
Y es que no se puede olvidar como los diputados del PAC practicaron, con la mayor desfachatez, las mismas artimañas que antes habían denunciado como corruptas, como las de canjear plazas de asesores legislativos por votos para elegir al presidente del congreso; ni los malos manejos, las pérdidas millonarias y el fracaso del Festival Internacional de las Artes (FIA) del 2015; ni el pago indebido de beneficios salariales que algunos ministros y varias viceministras recibieron sin calificar para ello; ni la condena judicial a su tesorero y al propio partido por el fraude millonario con la liquidación de la deuda política de la campaña del 2010, y menos aún, la tristemente famosa “pifia” en la construcción de la carretera hacia la nueva terminal de contenedores de Moín, “chambonada” que le costará al país 10.000 millones de colones más, sin que se hayan establecido las responsabilidades correspondientes por tal desaguisado.
Y como si lo anterior no fuera suficiente, los señalamientos que se le han hecho a algunos de sus dirigentes, hasta al propio presidente Solís, en el sonado escándalo de corrupción sobre los créditos bancarios para la importación de cemento chino, hacen que los compromisos del PAC con la ética, su principal bandera, sean percibidos como una broma de mal gusto, como una burla, como un embuste.
Este incoherente comportamiento de los dirigentes del PAC, constituye la razón principal del deterioro de su imagen, de la pérdida de confianza en su prédica y del bajo apoyo electoral que revelan las encuestas.
Por eso, creer o apostar a que en esta campaña sucederá lo mismo que en las anteriores, en las que usufructuaron del voto protesta, es un dislate y una falsa expectativa por cuanto hoy el electorado es más crítico y exigente y porque ese partido es ahora una de las causas del descontento, de la desilusión y del enojo ciudadano y no una alternativa, o un posible remedio, como lo fue otrora.
El apoyo y el protagonismo de Ottón Solís en los últimos días de la campaña, al punto de que en la publicidad opaca al propio candidato, es un esfuerzo desesperado por evitar la inminencia de una vergonzosa derrota del partido oficialista, pero también es un acto interesado del fundador por salvar a su agrupación, probablemente esperanzado en que Dios le hable para ser candidato en el 2018.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.