Éste es un pueblo bueno, quizás demasiado bueno

Cuando escucho, por un lado,  y por otro,  autoridades del Gobierno y de algunos medios de prensa,  cargando responsabilidad generalizada, tácita o expresa a la gente, con relación a los resultados de la pandemia sanitaria, pienso que no es del todo justo. Si bien es cierto, que ni en las familias de los funcionarios,  habrá seguro unanimidad en la aplicación a pie juntillas de  las medidas que ordena el gobierno, lo que se ha visto claramente,  es  que la mayoría de los costarricenses hemos hecho todo lo que se ha podido,  para respetar las decisiones de las autoridades sanitarias y gubernamentales, a pesar de  no compartir algunas de esas medidas, a veces improvisadas  descoordinadas y sociológicamente acientíficas. Nuestro pueblo ha entendido las horas amargas,  y ha sacrificado muchas actividades,  en aras de resguardar responsablemente su integridad y la de la colectividad. Por eso aún estamos bien, en los índices mundiales de letalidad. No es de recibo,  por tanto,  que por  actuaciones  no solidarias ni responsables de algunos,  se deje de reconocer que los habitantes en general, han sido generosos y hasta aplicados en seguir las medidas que se han impuesto. Incluso hay cantones que a lo largo de los meses no  han tenido contagios,  o si los han tenido, han sido  muy pocos. Un día de estos  que pasé por Capellades de Alvarado  me sorprendió ver,  que en la misma parada de buses del centro,  había un lavatorio blanco debidamente instalado dentro de la parada, con agua,  jabón y gel,  para los que esperan y usan el transporte colectivo.  Eso habla muy bien de nuestros pueblos.

Y es que definitivamente,  éste  es un pueblo bueno, quizás demasiado bueno. Es tan bueno que vuelve a la vida  cadáveres políticos, que estaban en coma,  y de repente como consecuencia de una tormenta tropical o de una pandemia, los eleva a los altares de la popularidad. Es un pueblo que ve impávido como dirigentes y funcionarios que decepcionaron mayoritariamente a nuestra población en su gestión, son premiados y avalados para portar, nada más,  ni nada menos,  que el estandarte del país en organismos internacionales. Es un pueblo que soporta que se cargue sobre los más débiles las cargas tributarias, mientras  increíblemente constata que reconocidas empresas y grupos financieros declaran por varios años cero ganancias evadiendo la renta,  sin que todo ese affaire fiscal no pase de ser una simple información destinada al olvido. Es un pueblo tan bueno que sabe que sus datos privados son manoseados indebidamente por autoridades públicas y privadas,  hasta en el Registro Nacional ,  y sin embargo con paciencia espera resultados sancionatorios, que quizás nunca lleguen. Es un pueblo que sabe que el discurso político es cansino e improductivo para su real bienestar, y que sin embargo sigue guardando la esperanza  que algún día amanezca. Es un pueblo que todos los días constata que hay justicia diferenciada, pues los gobernante violan la Constitución y las leyes  reiteradamente, incluso ejecutando recursos públicos no autorizados legalmente , sin que sean sancionados, mientras a otros costarricenses  les imponen el peso de la ley por faltas menores. Es un pueblo que conoce que,  si el Estado no  paga la seguridad social a la CCSS,  no pasa nada, pero que si es un pequeño empresario de pueblo, el que se atrasa en los pagos, le cierran el negocio. Es un pueblo que sabe que en los discursos de sus gobernantes prevalece el cinismo y la mentira, aguantando sin embargo  con paciencia franciscana,  la oportunidad de que algún día alguien muestre la verdad. Es un pueblo que tiene muchas cuarterías y barrios ocultos e ignorados  de miseria,  que entiende que solo fueron descubiertos por los gobernantes  cuando apareció una peste en sus vidas y en sus puertas.  Es un pueblo que en medio de tanta pobreza e injusticia, verifica que hay funcionarios cuestionados y con causas administrativas y judiciales pendientes, pero que en medio de pandemia, son nombrados en cargos con sueldos mayores a nueve millones por mes,  o sea 25 veces más que un salario medio de un costarricense.  Es un pueblo, que sabe que hay dirigentes nacionales de altísimo nivel con 3 o 4 causas judiciales, que sin embargo siguen ejerciendo su mandato con absoluta normalidad.  Es un pueblo que tiene conocimiento que la orden de  “quédese en su casa “es muy cómoda para los que tienen ahorros en los Bancos,  y pueden ver Neflix con palomitas de maíz,  pero que es terriblemente difícil e insostenible para los que viven en un cuarto con tres o más hijos  y que no tienen comida asegurada.  Es un pueblo que constata que todos los días la riqueza del país se queda en muy pocas manos, y que la pobreza y la desigualdad se extienden como gangrena.  Es un pueblo bueno,  que además sabe,  que ha sido estafado literalmente con obras públicas inconclusas, con empresas que sobornan, y con   sobreprecios exagerados. Es un pueblo tan bueno,  que soporta más de cien impuestos directos e indirectos, cargas parafiscales y tasas, sin que vislumbre una política que disminuya o simplifique semejante peso. Es un pueblo que experimenta a diario que emprender un pequeño negocio es un calvario burocrático y financiero, a pesar del discurso político sobre la reducción de trámites y de acceso a créditos justos y accesibles,  los cuales  nunca llegan,  porque se quedan siempre en el espejismo del verbo y con tasas de interés draconianas. Es un pueblo que oye  y ve números, y números, y más números en Zapote, Cuesta de Moras, y Avenida Segunda, pero que siente en su piel la falta de  trabajo, de empleos que se pierden, y de empresas que se cierran.

Repito este es un pueblo bueno, que soporta y procesa en silencio muchos de los desvaríos políticos y económicos que le han infringido. Ama la libertad y se resiente cuando compara el discurso oficial de sus representantes  y la realidad que vive. Es un pueblo que sabe,  que hay un enorme desencuentro entre sus necesidades y lo que deciden sus gobiernos, entre sus aspiraciones de bienestar y el engendro de malestar que se percibe cada vez más en la sociedad. Es éste pueblo bueno, el que disfraza su propia realidad por el “pura vida “con el fin de obtener un nivel de alegría aceptable, remembranza del pasado, para transitar con espíritu jovial su cotidianeidad. Es un pueblo que hasta olvida y perdona a quienes han dañado su autoestima ética y política, a quienes siendo gerentes o presidentes de instituciones se aumentan su salario escandalosamente.

Pero éste pueblo bondadoso,  ciertamente también ha logrado muchos aciertos, y acumulado virtudes, instituciones y derechos políticos y sociales,  que con tristeza y preocupación se vienen perdiendo con celeridad. La Costa Rica de hoy podrá ser más moderna, pero sin discusión es la más injusta.

En fin no hay duda; Costa Rica es un pueblo noble y bueno, quizás, demasiado bueno. Pero cuidado, es un pueblo que se puede cansar y desobedecer.  Que se puede amotinar cuando descubra que  ser bueno no significa ser tonto, que  ser noble no significa ser esclavo, que ser tolerante no es entregar su libertad y su historia a grupos egoístas de poder, que ser paciente no significa aguantar la injusticia para siempre, que cuando  hay malestar acumulado  es un imperativo de dignidad,  reestablecer el bienestar que se perdió.

La  pandemia económica y social  ya llegó. Detrás  llegará la pandemia política.

Veremos entonces, cómo éste pueblo bueno y noble  resolverá tantas  contradicciones, tantas necesidades y tanta inequidad.

Los meses que vienen serán difíciles. Algo habrá de pasar. O nos hundimos o renacemos.

Este pueblo bueno, que es, o que parece domesticado,  lo va a intentar  apelando a su esencia.

Quizás lo haga con la hora precisa del reloj, cuando  llegue la historia con los pies descalzos.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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