¿Debe el Estado enseñar moralidad?

Manifestantes durante la protesta conservadora "A mis hijos los educo yo" el 22 de julio del 2017 en Avenida Segunda, San José. Foto: Luis Madrigal / El Mundo CR
Manifestantes durante la protesta “A mis hijos los educo yo” el 22 de julio del 2017 en Avenida Segunda, San José. Foto: Luis Madrigal / El Mundo CR

Resulta común en estos días ver en el ágora mediático la discusión del Programa de Estudio de Educación para la Afectividad y Sexualidad del MEP, acompañado de un intercambio de adjetivos, un bando sostiene que quienes se oponen a las guías son fundamentalistas religiosos, y quienes las adversamos, hacemos una crítica que expondré a continuación.

Si bien la ley de los hombres toma inspiración de lo que algunos llamamos la ley de Dios, no lo debe hacer de forma dogmática, los principios liberales que surgieron luego de la ilustración conciben una sociedad donde el estado solo interviene a aplicar la ley si la acción humana daña a otros, a su propiedad o al bien común (propiedad pública, privada y medio ambiente).

En un ámbito más coloquial, el respeto supone que la acción humana del prójimo debe ser tolerada si no existe daño real a alguien, su propiedad o al bien común, pero la definición de daño puede confundirse con incomodidad, es por esto que se crean convenciones sociales, para así reducir el conflicto entre individuos.

Una circunstancia donde actúa la convención social es cuando una pareja de besa de forma lujuriosa en público; no pareciera hacer daño a los adultos directamente, pero crea incomodidad en los testigos y podría causar daño psicológico en niños, es por esto que la convención social dicta que es aconsejable reservar este tipo de besos al ámbito privado, sin embargo, nadie debería ser penado legalmente por un beso, salvo que la naturaleza lasciva del mismo cause daño a menores de edad. Es por esto, que debemos diferenciar entre la ley y la convención social, la primera es vinculante y sujeta a una potencial intervención violenta del estado, la segunda es más plástica y circunstancial.

Es por esto que estoy a favor de las uniones civiles entre personas del mismo sexo, mas no que el estado fuerce a niños y adolescentes a aceptarlas como moralmente correctas, y mucho menos imponer en ellos construcciones ideológicas, pues representa una violación del derecho natural de los padres a enseñar la moralidad a sus hijos, y supone el adoctrinamiento forzado de jóvenes de mente maleable en ideologías que muchos padres NO aprobamos, como es caso del feminismo de 3ra ola y la teoría queer, las cuales están hiladas al Programa de Estudio de Educación para la Afectividad y Sexualidad  del MEP (Costa Rica) y abre aún más el cerco a que el estado imponga a las siguientes generaciones ideologías por encima de la autoridad de los padres, la libertad de culto y la consciencia de los individuos.

Si le damos al estado el poder de dictar la moralidad y de imponer ideologías por encima de la patria potestad, ¿Qué evitará que éste obligue a nuestros hijos a pensar de una forma servil a los intereses políticos de momento?

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