Por Óscar Eduardo Apuy Villalobos
Pasados el 12 de octubre y las frases cliché del día tales como “América no fue descubierta, fue saqueada y masacrada”, quiero situar esta celebración en el contexto moderno y exponerles el valor que debería adoptar esta fecha en nuestra sociedad costarricense.
Según el último censo en 2011 la población del país ronda cerca los 4.5 millones de habitantes, de los cuales es sabido que alrededor de medio millón de habitantes son inmigrantes, y de estos unos 386.000 son nicaragüenses. Estos mismos superan inclusive a nuestra población indígena o autóctona, que representan unos 100.000 habitantes de la población total.
Las poblaciones de inmigrantes y grupos aborígenes representan una importante minoría y como tales no deben ser marginadas de nuestra sociedad, pues son más importantes de lo que nuestra xenofobia nos permite aceptar. Esto, no solo por el valor humano que tienen, sino además por el valor cultural y el lugar que ocupan en nuestra historia y en nuestra economía: los primeros por apoyar nuestra fuerza laboral y los segundos por ser los legítimos propietarios de los 51.000 kilómetros cuadrados del paraíso en el que vivimos.
Transcurridos tantos años es hora de que los costarricenses empecemos a modificar el paradigma y aceptemos a las minorías como parte de nuestra sociedad y como otra de tantas facetas de nuestra cultura: precisamente eso, los inmigrantes y los pueblos autóctonos enriquecen nuestra cultura. Desde los colombianos, los chinos, los nicaragüenses, los peruanos, nuestros aborígenes y los habitantes del este del país. Todos son parte de Costa Rica, todos contribuyen con lo bueno y lo malo de nuestra sociedad.
Existe el estereotipo de que los nicaragüenses abarrotan nuestro Seguro Social, o de que estos aumentan la delincuencia en el país, cuando la realidad muestra que no muchos nicaragüenses pueden asegurarse por sus condiciones irregulares de estadía en el país, y doy fe de que la CCSS es cada día más rigurosa con los requisitos y los procesos para asegurar a los cotizantes y sus familiares. Además, las dos veces que me han asaltado en pleno Heredia a la luz del día, los antisociales han sido ticos, tanto por la pinta como el acento.
Ciertamente existen diferencias entre nuestra idiosincrasia y la del país vecino, condiciones que no nos agradan al no ser compatibles con nuestra forma de ser costarricense, por ejemplo un mayor grado de machismo en los nicaragüenses (y digo “mayor” por qué los ticos no estamos exentos), o el valor que le damos la mayoría de nosotros a la educación como llave para la auto superación. Normalmente le damos más importancia a los defectos de, cualquier inmigrante, porque parte de nuestra idiosincrasia es seguir creyéndonos la Suiza Centroamericana.
Este defecto del presente tan nuestro que nos hicieron creer hace décadas, cuando si ameritábamos llamarnos la Suiza Centroamericana, hoy nos hace no ser tan “Pura Vida” como predicamos. Este defecto no nos deja ver el valor que tenemos como país para quienes vienen buscando un nuevo hogar donde empezar una nueva vida, deberíamos sentirnos orgullosos de que los demás vean en nuestro país lo que se ha vuelto invisible y poco apreciado para nosotros con el transcurrir del tiempo: nuestra democracia y las bondades del sistema.
También, este defecto nos nubla la vista y no apreciamos esas cualidades de los inmigrantes, y también de los indígenas que vienen a enriquecer nuestra cultura, y que en ocasiones contrasta y complementa nuestras debilidades como pueblo costarricense. Lo anterior enfocándonos en la forma de ser y trabajar de esas personas, sin mencionar todo lo que nos pueden contribuir en cuanto a gastronomía, conocimientos, deportes y cuanto aspecto puedan aportar al país, nuestro y también su hogar.
En Costa Rica vivimos un encuentro de culturas día a día, se trata de minimizar la presencia de las minorías en nuestra cotidianeidad, pero ahí están ellos siendo parte de nuestras vidas. Los indígenas no dejarán sus tierras y los inmigrantes no volverán a sus países de nacimiento porque este país es su hogar. Cada día debe ser 12 de octubre, y cada día debemos reflexionar sobre el valor que tienen estas personas en nuestra sociedad, como sus costumbres y tradiciones enriquecen nuestra Costa Rica multicultural. En la diversidad está la riqueza, sepamos apreciarla.
Las diferentes culturas no están aquí para dañarnos, estoy seguro que están aquí para recuperar la Suiza Centroamericana que fuimos hace tiempo y para fortalecer la calidez de nuestros hogares. Que el 12 de octubre sea para apreciar esta diversidad, pues en muchas ocasiones somos los mismos costarricenses quienes nos dañamos a nosotros mismo, recuperemos lo Pura Vida.