Aunque la pobreza mundial ha descendido y el ingreso de los pobres ha mejorado el hecho cierto es que la concentración de la riqueza en el mundo muestra unos indicadores que deben motivar la preocupación de todos o, al menos, de aquellos que creemos en la justicia social, la equidad y la posibilidad de construir un mundo mejor.
Algunos datos entresacados del “Informe Oxfam” –una controvertida ONG que trabaja para combatir la pobreza en el mundo- reflejan una tendencia hacia la concentración de la riqueza que es insostenible con los ideales de un mundo global pacífico, estable y justo. Veamos:
- Riqueza en pocas manos.La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante.
- Concentración de recursos.El 10% de la población mundial posee el 86% de los recursos del planeta, mientras que el 70% más pobre (más de 3.000 millones de adultos) sólo cuenta con el 3%.
- Desigualdad en aumento.Siete de cada diez personas en todo el mundo viven en países donde la desigualdad se ha incrementado.
- La riqueza en Europa.La fortuna conjunta de las 10 personas más ricas de Europa supera el coste total de las medidas de estímulo aplicadas en la Unión Europea entre 2008 y 2010 (217.000 millones de euros frente a 200.000 millones de euros)
- El crecimiento en EEUU.En Estados Unidos, el 1% más rico de la población ha acaparado el 95% del crecimiento económico posterior a la crisis financiera entre 2009 y 2011, mientras que el 90% con menos recursos se ha empobrecido en este período.
- Los ricos y la renta en EEUU.El 10% de los estadounidenses más ricos concentran más de la mitad de la renta del país, el 50,4% (este es el porcentaje más elevado desde la Primera Guerra Mundial).
Deliberadamente he querido compartir los datos específicos referidos a Europa y Los Estados Unidos –en el Informe Oxfam hay datos de todo el mundo- para ilustrar que la desigualdad en la concentración de la riqueza no es, solo, un problema de los países pobres, atrasados y periféricos. Por el contrario, en las naciones ricas, desarrolladas y más globalizadas el problema está presente con singulares rasgos de injusticia.
Alguna vez dijo Allan Greenspan que la globalización “ha sido muy buena para producir riqueza pero muy mala para distribuirla”. Esa afirmación tiene, en las cifras del Informe Oxfam para el 2016, un sustento irrefutable. Hay que revisar la globalización. El ascenso del populista Trump en Estados Unidos, la victoria de los populistas en Reino Unido con el Brexit, el crecimiento de opciones populistas de derecha e izquierda en diversos países europeos y en los propios Estados Unidos de América deben justificar una reflexión profunda de quienes detentan en el mundo el poder suficiente para revisar el modelo y ajustarlo a estándares de mayor inclusión, equidad y justicia social.
La globalización es un proceso irreversible, ahora toca mejorarlo.