El pasado 17 de julio, puntarenenses y foráneos, unos católicos y otros de diversas confesiones, pescadores y no pescadores, todos juntos realizaron la 103 edición del desfile marítimo en honor a la Virgen del Mar. Grandes y pequeñas naves, todas adornadas con lo que se podía produjeron, una vez más, un maravilloso resultado: la belleza de aquel desfile que, una vez cada año, ratifica la comunión entre el mar y los puntarenenses.
Cada 2 de agosto culmina en la Plaza de la Basílica de la Virgen de los Ángeles una romería que inicia desde días atrás, a lo largo de la cual participan, según cifras recientes, cerca de dos millones de peregrinos, en un país de un poco más de cuatro millones de habitantes. Católicos y no católicos, nacionales o extranjeros, desde todos los puntos del país vienen a ese Santuario unos a dar gracias o a pedir favores divinos, otros a vivir la experiencia espiritual que supone el desplazamiento masivo de seres humanos hacia un mismo punto y otros, la mayoría venida de otros países, a ver y compartir una experiencia humana
Mas allá del significado meramente religioso y de la admirable devoción de muchos, cada vez que uno vive estos hechos se pregunta si siendo capaces de apartar nuestras diferencias podemos realizar juntos tantas cosas buenas, porqué en otros ámbitos, no somos igualmente capaces de caminar juntos hacia objetivos compartidos. Si somos capaces, sin convocatoria particular alguna, de ponernos de acuerdo en aceptar que se puede llegar a un mismo punto, sin importar la ruta por la que lleguemos, ¿por qué no somos capaces de coincidir en otros planos, sin importar de dónde venimos sino hacia dónde queremos ir?
Costa Rica está ávida de acuerdos entre nosotros para tomar decisiones que nos permitan enfrentar retos, superar problemas y alcanzar conquistas que nos beneficien a todos, pero que, particularmente, favorezcan la justicia, la equidad y la solidaridad con quienes menos tienen y, en consecuencia, más necesitan.
Los desempleados, los sub empleados, las familias sumidas en la miseria requieren del impulso de un movimiento nacional así de masivo y unitario como lo son el Desfile de la Virgen del Mar y la Romería hacia la Virgen de los Ángeles que son, por la diversidad de sus participantes, un ejemplo de buena voluntad, vocación unitaria y generoso desprendimiento. Solo que, para abatir la pobreza y reducir el desempleo esa vocación unitaria debe sentar juntos a todas las partes llamadas a aportar a las soluciones y cada parte deberá ceder un poco.
No será fácil, pero asumir la voluntad de dialogar, acordar y decidir no es imposible. El pasado nos da ejemplos que son como espejos en los que deberíamos querer vernos.