Quizá sea el propio Luis Guillermo Solís el más ansioso por llegar a este cambio, para dedicarse entonces a actividades más “cotidianas”, de menos exposición a la opinión pública, alejado de las críticas y centrado más en la academia.
Más bien, tal vez sean los ciudadanos quienes anhelen con mayor expectativa la llegada de un nuevo Presidente para ver si hay cambios en la sociedad costarricense, en la forma de dirigir las instituciones públicas, en la toma de decisiones y en la ejecución de grandes obras de infraestructura que están pendientes.
Algunos hacen ruegos para que el tiempo “corra” y hagamos el cambio. Otros son más optimistas y sienten que este Gobierno no los ha defraudado.
Hay quienes hacen cálculos electorales, suman, restan, dividen y sacan desde ya números claves para una nueva elección.
Y –por supuesto- están aquellos asqueados de la política –o de la politiquería-, los que reniegan contra todo y contra todos, los que no irán a votar, los que no quieren informarse, los indecisos, los decepcionados y los que dicen que no les importa quién sea el nuevo Presidente.
Llegamos a este proceso en momentos en que los cristianos tenemos ganado un espacio en la política nacional, demostramos que nos interesa el bien del país, tenemos mayor unidad y logramos credibilidad en el ámbito político.
En el caso de los diputados cristianos, marcamos el paso para que en el país no se tomen decisiones a la carrera en los temas de vida, matrimonio y familia. Mientras en muchos países se han atropellado estos temas y se han forzado leyes contrarias a lo que quieren los ciudadanos, nosotros hemos dicho que estos temas se pueden discutir, pero que no se deben avasallar con proyectos contrarios a la forma de ser de los costarricenses.
El proceso electoral que se avecina será importante. Con pocos cambios, pues la apatía de algunos sigue siendo una piedra en el zapato, los problemas del país parece que siguen siendo los mismos de hace cuatro años (pobreza, desempleo, crecimiento económico moderado, pobre infraestructura vial) y el escenario político permite que cualquier costarricense de cualquiera de las tendencias y de cualquier partido pueda ganar un puesto de elección popular.
El país sigue necesitando una renovación. A lo interno del sector cristiano hay un gran dinamismo y dentro del PRC trabajamos por hacer una propuesta programática de cara a los retos del país.
El primer domingo de Febrero del año entrante, los costarricenses iremos de nuevo a las urnas a elegir a nuestros próximos gobernantes. Elegiremos un Presidente de la República y a sus dos Vicepresidentes, y votaremos también por 57 diputados que tomarán las curules en la Asamblea Legislativa.
Un total de 3.256.590 ciudadanos estamos inscritos en el padrón electoral según el último corte del Registro Civil. Conquistar su voto será el reto más inmediato que tendremos en los partidos políticos y estoy seguro de que no será fácil.
Por ahora, contemos los 365 días que nos quedan para cambiar de Presidente y pensemos en la parte que nos toca a cada uno.