En un contexto global marcado por la incertidumbre económica, la transformación digital y la necesidad de generar oportunidades sostenibles, el emprendimiento se posiciona como una de las principales vías para impulsar el desarrollo social, la innovación y la generación de empleo. Sin embargo, emprender hoy no es solo una opción económica: es, sobre todo, una competencia que se forma, se fortalece y se acompaña.
En Costa Rica, la Fundación Omar Dengo ha sido, por más de tres décadas, un actor clave en este proceso, al integrar educación, tecnología e innovación como pilares para el desarrollo de habilidades emprendedoras con impacto real en las personas y sus comunidades.
De la alfabetización digital al emprendimiento con propósito
Fiel a su misión de cerrar brechas y promover la inclusión digital, la Fundación ha evolucionado desde la formación en tecnologías hacia modelos más integrales que impulsan el pensamiento creativo, la resolución de problemas y la generación de iniciativas productivas.
Uno de sus programas emblemáticos, TECNOMYPE, ha acompañado desde el año 2000 a más de 16.700 emprendedores y microempresarios, brindándoles herramientas para fortalecer sus capacidades tecnológicas y de gestión. Este esfuerzo ha sido posible gracias a alianzas estratégicas con actores clave como el Banco Interamericano de Desarrollo, Programa Nacional de apoyo a la Microempresa y la movilidad social (PRONAMYPE), el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), el Banco Nacional de Costa Rica y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la embajada Británica, entre otros.
Estas alianzas evidencian un elemento fundamental para el ecosistema emprendedor: ningún esfuerzo aislado logra transformar realidades; es la articulación la que multiplica el impacto.
Sembrar el emprendimiento desde la educación
La apuesta de la Fundación Omar Dengo también ha estado presente en el sistema educativo. Entre 2004 y 2023, el modelo de Empresas de Práctica Empresarial (aula Labora), desarrollado para apoyar a la Dirección de Educación Técnica y Capacidades Emprendedoras del Ministerio de Educación Pública, permitió que más de 20.000 estudiantes experimentaran el emprendimiento desde una perspectiva práctica, desarrollando habilidades clave para la vida y el trabajo.
Este enfoque responde a una visión pedagógica sólida: el emprendimiento no se limita a la transmisión de contenidos teóricos, sino que se construye a partir de la experiencia. Como señala Peter Drucker, “la mejor forma de predecir el futuro es crearlo”, una idea que cobra sentido cuando el aprendizaje se orienta a la acción. En este contexto, emprender se aprende mediante metodologías activas que sitúan a la persona en escenarios reales o simulados, donde enfrenta desafíos, toma decisiones informadas, reflexiona sobre sus resultados y construye soluciones con propósito. De esta manera, se favorece un aprendizaje significativo, orientado al desarrollo de competencias para la vida y el entorno productivo
Emprender con propósito: inclusión y oportunidades para todos
En línea con las tendencias globales que promueven un desarrollo más inclusivo, la Fundación ha impulsado iniciativas como “Emprende con Propósito”, un programa reciente orientado a fortalecer habilidades de liderazgo, autonomía socioeconómica y empleabilidad en personas jóvenes con discapacidad.
Gracias a la contratación del Ministerio de Cultura y Juventud a través del Consejo de la Persona Joven del Ministerio de Cultura, esta iniciativa ya ha beneficiado a más de 60 jóvenes, demostrando que el emprendimiento también es una herramienta poderosa para la inclusión social y la generación de oportunidades para poblaciones históricamente excluidas.
Más allá de emprender: formar capacidades para la vida
El valor diferencial de estos procesos radica en su enfoque pedagógico. Las metodologías implementadas por la Fundación se basan en estrategias inclusivas, participativas y centradas en el aprendizaje significativo, promoviendo no solo habilidades productivas, sino también capacidades cognitivas y sociales.
En este sentido, emprender deja de ser únicamente la creación de un negocio y se convierte en una competencia transversal: la capacidad de imaginar, crear, adaptarse y transformar el entorno como medio de vida.
Un llamado a fortalecer el ecosistema emprendedor
En el marco del Día Mundial del Emprendimiento, resulta fundamental reconocer que el impulso a los emprendimientos no depende únicamente del talento individual, sino de ecosistemas sólidos que integren educación, financiamiento, acompañamiento técnico y oportunidades de mercado.
Costa Rica cuenta con una base sólida, pero el desafío sigue siendo ampliar el acceso, fortalecer la articulación interinstitucional y asegurar que más personas —especialmente jóvenes, mujeres y poblaciones vulnerables— puedan convertir sus ideas en proyectos sostenibles.