Elecciones 2018: A pensar muy bien el voto

» Por Erick Quesada Ramírez - Psicólogo

Enfrentamos un particular escenario electoral a menos de dos meses de ir a las urnas. En esta campaña no se discute con seriedad sobre economía, medio ambiente, gobernabilidad, política exterior y seguridad ciudadana, entre otros que deberían estar en la agenda y deberían encabezar las propuestas de los partidos políticos.

Parece que la estrategia de la mayoría de éstos se ha dirigido a prometer con vehemencia, dadas las dimensiones que ha alcanzado el “cementazo”, el ataque frontal a la corrupción, y a ir en contra de la “ideología de género”. Lo primero, en el plano de la politiquería tradicional nuestra, no es más que el mismo vil engaño de siempre: no es posible concebir el quehacer y los fines últimos de la clase política tradicional sin la corrupción.

Pero lo que resulta realmente preocupante es la postura que la mayoría de los partidos políticos han asumido ante la “ideología de género”, dado que es un tema que está íntimamente vinculado a un factor fundamental en los procesos de construcción de  sociedades progresistas y racionales capaces de convivir en términos de inclusión, respeto e igualdad: los derechos humanos.

Es fácilmente demostrable que la campaña contra la “ideología de género”, es una estrategia utilizada por instituciones religiosas fundamentalistas y grupos conservadores para oponerse al avance en los derechos humanos de las mujeres y de las personas gais, lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI). Los avances en esta lucha atenta contra su poder hegemónico o dominante, al cuestionar con bases sólidas la visión de mundo que han impuesto mediante mecanismos violentos a lo largo del tiempo.  Imponer una visión de mundo mediante el miedo y la culpa, la amenaza de la ira divina y del castigo eterno en las llamas del  infierno, no debe considerarse otra cosa más que un violento atentado contra la dignidad humana.

A pesar de que es factible con base en estadísticas y estudios científicos determinar el costo que la discriminación y la violencia machista tiene para las mujeres y para las personas LGBTI, que incluye como posible desenlace la muerte, los fundamentalismos religiosos insisten en el logro de sus objetivos manipulando estereotipos y, cínicamente, haciendo llamados para luchar por la familia y la vida.

Y es esta postura, junto al debate que se ha generado en los últimos meses en torno a la Educación para la Sexualidad y la Afectividad Integral del Ministerio de Educación Pública, lo que aprovechan muchos de los partidos políticos en su búsqueda de votos, al convertirlos en tema de campaña. Esto nos dejar ver, con inmensa claridad, que no es su interés el bienestar de la ciudadanía, sus derechos fundamentales ni el respeto a su dignidad; su avidez de poder les hacer utilizar una campaña de tal bajeza con tal de  llegar al gobierno, sin importar las consecuencias.

Nos encontramos una vez más con el típico proceder oportunista y manipulador de la politiquería nuestra, en el que el fin justifica los medios.

¿Y qué podemos hacer usted y yo? Por un lado, reflexionar muy bien nuestro voto el próximo domingo 4 de febrero. No olvidemos que la clase política tradicional ha gobernado históricamente en nuestro país gracias a nuestro voto. Posteriormente, es fundamental el replanteamiento de lo que entendemos como democracia. Debemos dar el salto de un modelo caracterizado por el voto cada cuatro años, la queja y la desidia, a la organización como sociedad civil para establecer un diálogo permanente con el Estado; cogobernar con éste en el proceso de la construcción de su mejor versión posible.

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