La elección de alcaldes, vicealcaldes, regidores y síndicos, el próximo 4 de febrero reviste de suma importancia, o sea no es un tema que se deba tomar a la ligera por parte de los electores. Por lo cual, los ciudadanos de cada uno de 84 cantones deberán analizar de manera serena las diferentes ofertas partidarias, y así emitir su voto de manera responsable.
Estas elecciones son muy relevantes, porque una buena parte de lo que sucede cada día en las comunidades depende de las decisiones que tomen las autoridades municipales que vamos a designar: la limpieza de vías, la reparación de calles y caminos, el mantenimiento de parques e instalaciones deportivas, la protección del agua y la aprobación de permisos de construcción.
En la mayoría de nuestros cantones la designación de estos aspirantes sigue un patrón común, los diferentes partidos a través de sus regulaciones internas se garantizan ante todo lealtad, personas de fácil manipulación, para que, a través de ellos alcanzar sus objetivos de muy corto plazo, estrictamente electoreros.
Ante esta realidad se hace necesario más que nuestros futuros gobernantes no estén al servicio de ajenos intereses, los cuales procuran perpetuarse en el poder; sino que sean, personas con una alta dosis de servicio, una destacada y honesta trayectoria, un genuino y auténtico amor por la comunidad, basta experiencia, preparación, honestidad demostrada y visión para forjar proyectos de gran impacto económico y social que les permitan acceder a las mayorías a un mayor bienestar.
Salvo contadas excepciones, la gran mayoría de los aspirantes pretenden ofrecer soluciones sobre cuestiones coyunturales por ansias de protagonismo, y sin medir la enorme la responsabilidad que implica en caso de ser electos, el de trazar el futuro de la comunidad en la cual se encuentran inmersos; por tanto, sin rumbo, sin planificación, sin interés de resolver lo que agobia a los habitantes de sus respectivas jurisdicciones.
Tomando como premisa inicial que políticos perfectos no existen, porque no hay nada más imperfecto que la política. De hecho, es la ciencia de lo perfectible, de lo mejorable, de hacer que las cosas necesarias para la población sean posibles a través de procesos de negociación.
Todos tenemos una parte de responsabilidad a la hora de ejercer el voto, por ende, es necesario un ejercicio de análisis de propuestas, liderazgo y equilibrio entre la experiencia y la capacidad de actuar con decisión bajo los diferentes problemas que enfrentamos.
Quizás suene a utópico, el realizar un análisis serio y objetivo por parte de los votantes de los pros y los contras ayude a cada uno a efectuar su propio diagnóstico de cada uno de los aspirantes, como ejercicio de responsabilidad. Como paso número uno, sea el fijarse en las cualidades básicas de las personas que se postulan: honestidad, experiencia, preparación, habilidades para el diálogo, ¿y cuál es su agenda para el cantón? Segundo paso el análisis de las propuestas y planes de gobierno es fundamental prestando más atención al cómo, que al qué pretenden realizar. Y, por último, no menos importante, está la transparencia,
El compromiso ciudadano debe estar enfocado en no dejarse seducir por cantos de sirena, adornados con palabras bonitas y convincentes.
Desde las elecciones municipales de 2002, la asistencia de la ciudadanía a las urnas ha sido de aproximadamente un 30%, es decir, muy poca gente acude a votar. Si la participación es baja, la escogencia de las autoridades locales queda en manos de un reducido número de personas, dejando por fuera los intereses y necesidades de quienes deciden no votar y dando un poder muy importante a ese pequeño grupo, en asuntos que nos afectan todos los días en la comunidad.
Está claro que la decisión individual de cumplir el deber cívico del sufragio depende de numerosos elementos, pero al analizar las grandes tendencias colectivas es posible visibilizar los factores que, promueven el abstencionismo en ese tipo de justas electorales, por lo que se hace imperativo promover una mayor participación electoral atacando esas causas.
Es hora de darle vida a la democracia representativa; lo que piensan, sienten y desean nuestros ciudadanos y que ahora, tal vez, solamente consiste en un clamor de muchos que viven en la mayor desigualdad. Pienso que poca cosa piden nuestros habitantes: una casa, un trabajo y una oportunidad.