Cuando un elector vota en blanco, lo hace por una razón muy sencilla y pedestre, que significa no preferir a ningún candidato en la contienda; no obstante lo hace por cumplir con su deber de ciudadano. En Costa Rica, en la mayoría de los casos, el voto en blanco se le suma al candidato con más votos, hecho que a todas luces y lógica, resulta una contradicción.
En la tierra del Tío Sam, líder de la democracia; ocurre algo parecido sino peor, porque la mayoría de los votos de los ciudadanos no eligen al presidente, sino que son los colegios electorales; que a veces no tienen la mayoría de votos ciudadanos como ocurrió en la lección pasada, por tanto la misma en el sentido pleno de la palabra, no vale nada (Sic).
En otros países del Viejo Continente, cuando en una justa electoral compiten solamente dos candidatos y llegan a la final con una diferencia mínima de votos, se produce un balotaje que los lleva a una segunda vuelta, en la cual; no por un solo voto, que debería ser la mayoría absoluta, sino por varios, sale el ganador; sigue la pregunta del millón ¿existe o no existe una mayoría lógica y real?
Como broche de oro, amén de cómico y de moda, resulta que a menudo, un candidato perdedor de una contienda electoral, reclama a ciegas y sin perder tiempo un “fraude”.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr