Desde hace tiempo; objetamos la instalación de los ascensores en los puentes peatonales, aduciendo la existencia de unos vándalos quienes se roban las tapas de las alcantarillas, los cables telefónicos y demás propiedades del Estado, hoy en día de los elevadores no quedan ni las puertas, por tanto; sin presumir, que el tiempo nos dio la razón, concluimos que es algo muy triste y desde luego no satisface nuestro “ego”.
En otro tema; no se necesitan estadísticas para corroborar que el tren interurbano que tenemos, cumple a cabalidad su cometido; trasladando a muchos usuarios, sin ánimo de ser tachados de retrógrados y derrotistas; consideramos que un futuro cambio a un tren eléctrico, pese al progreso; demandaría un gasto astronómico que el país no está en condición de enfrentar debido al hecho de que nuestra aritmética dice lo siguiente: la instalación de una central eléctrica que alimente todas las subestaciones, el cableado con su respectivos postes; la puesta de rieles nuevos y sus durmientes y; lo más oneroso, la compra de la locomotora eléctrica y los vagones correspondientes, sigue la pregunta: “¿Cuánto sería en dinero la diferencia entre nuestro modesto trencito y el bólido eléctrico?”, alguien diría que con la “diferencia” podría construirse una red vial aérea. ¿Será verdad?
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