El temor a la figura de Nayib Bukele

» Por Generif Traña Vargas - Administrador de empresas, escritor

Soy liberal y no me agrada la figura de Nayib Bukele. Los populismos me son esquivos indistintamente de el lugar que ocupen en el espectro político, sea a la derecha o a la izquierda.

Digo esto como preámbulo ante la posibilidad de que alguien pueda tacharme como un ”Bukele lover”, que sí los hay y por montones.

El principal temor que nos genera a muchos la figura del presidente salvadoreño y su constante ironía en torno a lo que podría representar un régimen dictatorial es que, en el fondo no deseamos ver el resquebrajamiento de un paradigma que hemos vivido durante gran parte de nuestra historia.

Pocas cosas nos pueden generar tanto temor como la posibilidad de darnos cuenta que hemos estado equivocados en nuestras ideas y creencias más arraigadas. Admitirlo, más que difícil, es casi imposible.

Dicho paradigma es aquel de que toda dictadura es mala.

Hemos sido educados (¿o más bien adoctrinados?) para pensar que una dictadura es mala per se. No podemos ni siquiera concebir la idea de que pueda haber algo bueno en un régimen dictatorial.

La pregunta que surge es ¿verdaderamente es mala toda dictadura?

¿Existe cabida para una dictadura buena?

El solo hecho de dar cabida a la duda, se convierte en algo similar a una herejía.

Es tan políticamente incorrecto pensar en una dictadura buena que pocos nos atreveríamos a albergar dicha posibilidad en nuestro pensamiento y menos aún, externarlo como un tema a discutir.

Sin embargo, en el proceso de construcción del pensamiento y sano contraste de ideas, debería haber cabida para todas las posibilidades, distintas tesis, con sus correspondientes antítesis y así poder construir nuestra propias síntesis, ¿cierto?.

Si analizamos con detenimiento nuestros modos de vida y formas de organización, podemos darnos cuenta de que, al fin y al cabo, hemos estado siempre inmersos en lo que podrían llamarse ”pequeñas dictaduras” Esto a nivel político, empresarial, incluso familiar.

En un hogar por ejemplo, las reglas del juego y las decisiones que se toman se dan por lo que dicta una o dos personas, generalmente papá y/o mamá como cabezas del hogar. Alguno de los hijos no puede convocar a una elección popular para que, sea el hermano menor por ejemplo, quien tome la decisión de las reglas del hogar.

En una empresa, sus dueños decidirán lo que se debe hacer en cuestiones administrativas, financieras o estratégicas. No podemos los administrados, decidir quién queremos que tome riendas de la organización.

Podemos ver así como en nuestros más elementales sistemas de organización y vida somos objeto de decisiones que otros toman por nosotros de tal suerte que no debería hacernos tan extraño el hablar de sistema dictatorial. Al menos en su concepción más básica.

En todo caso, indistintamente del tipo de sistema o régimen, hay algo que es, o debería de ser inherente a todos: Los resultados que estos tengan.

Cuando se analizan datos puros y duros a nivel económico, indicadores y cifras, hay muy poca cabida para apreciaciones subjetivas.

Las cifras de Nayib Bukele al frente de El Salvador, son claras. Disminuir las cifras de homicidios de 106 a menos 8 (por cada 100 mil habitantes), poniendo a más de 73 mil pandilleros en el único lugar que deben estar, en prisión, es algo que representa un hito en cuanto a logros en políticas públicas en Latinoamérica. Esto, en un ámbito en el que los logros no suelen ser el común denominador.

Ciertamente, a la clase política se le exige mucho menos que al resto de los mortales.

La gobernanza implica siempre la jerarquización de prioridades y en el caso de la nación centroamericana, la situación de seguridad es la prioridad más palpable. Subsanados los grandes problemas en esta materia, ya vendrán los demás asuntos relacionados con comercio, economía y demás.

De hecho en el caso de El Salvador ya se han visto mejoras sustanciales en indicadores económicos y sociales producto de este cambio en materia de seguridad ya que hay más confianza para la inversión y un mejor clima para los negocios.

Pero eso nos lo dicen los datos y las cifras no entienden de posturas subjetivas ni ideológicas podrá gustarnos o no Nayib Bukele sea a nivel personal o sea su forma de gestión política, podrá parecernos irreverente, egocéntrico, irónico y hasta un tirano, pero mientras los datos de su labor le respalden continuará siendo como él mismo se autodenomina “el dictador más cool del mundo mundial”.

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