
Lo que conocemos en la actualidad como Partido Unidad Social Cristiana, ideológicamente hablando, tuvo sus orígenes hace algunas décadas atrás, desde antes de la constitución de la Segunda República. Aunque su mayor logro fue, el esbozado primeramente por los derechos y garantías sociales en los años cuarenta, puestos en la palestra política de éste país por el Doctor Rafael Ángel Calderón Guardia; pero abordados anteriormente, desde una visión Social Cristiana por el General Jorge Volio Jiménez que en aquel entonces, ya era cura y humanista consumado, además de creador del Partido Reformista, si bien recuerdo las clases de Historia de la Doctora Marina Volio Brenes.
Ahora, los principios que cobijaron al social cristianismo de antaño, enarbolado por éstos dos grandes intelectuales y humanistas, podría decirse que han quedado en el olvido; como base constitucional del actual Partido Unidad Social Cristiana. Que se encuentra atravesando en el presente, una coyuntura histórica-política y social, muy interesante y que puede percibirse desde dos ángulos muy distintos, pero no por ello, ajenos a la realidad nacional y política de Costa Rica.
Debido a que existe por un lado, un sector poco crítico a lo interno de la Unidad Social Cristiana, frente a los problemas heredados de otras administraciones de gobierno; el cual, se empeña todavía hoy en tratar de desconocer el grave problema de credibilidad en el que se sumió, dicha agrupación política en las últimas décadas y que al “Arismo”, no le fue indiferente, porque le convenía que quedaran sepultados los nombres de algunos políticos junto con el partido en sí mismo. Mientras por otra parte, algunos otros se arropaban en sus investiduras gastadas y en un discurso obsoleto, como forma de hacer política y mantenerse vigentes.
Los principios que sostienen al Social Cristianismo, están más allá de todos aquellos que muestran hipócritamente su descontento desde un ala del PUSC, frente al rumbo que ha tomado su líder actual, el Doctor Rodolfo Piza Rocafort. Esto lo expreso, como crítica social desde una coalición nacional que se repite, cada cierto tiempo en éste país, para los doctos en la materia que han puesto atención a la historia.
En el sentido de que es posible y todo lo hace prever que éste nuevo estandarte, asumido por Piza ante los Derechos Humanos, es congruente con el llamado del Pueblo de Costa Rica, para levantar más que las conciencias y principios de la Unidad Social Cristiana como partido, enrumbándola de nuevo a buen puerto, siempre y cuando se haga la lectura correcta del llamado de la Sociedad Civil.
Porque cada vez que se intenta sacar adelante a este movimiento político, se dan rupturas internas desde su base fundacional que no permiten, avanzar en ningún sentido, más que el orientado por un viejo caudillo que desvía el horizonte social cristiano de una verdadera República, libre, solidaria, progresista, democrática que se encuentra en una constante búsqueda de la justicia y paz social.
Por tanto, si ese partido no subordina su acción política a las disposiciones de nadie, como bien lo expresa su estatuto orgánico, debe hacer honor a los Principios Constitucionales que lo rigen desde su fundación; y que en todo caso, son el respeto a la Constitución Política de Costa Rica que como pudimos apreciar en las pasadas elecciones presidenciales, casi se diluye en una interpretación teocrática de un estado seglar, realizadas por algunos que no responden a un accionar político comprometido, con un Estado Social de Derecho, donde se defiende a una Democracia representativa como ésta, en pro de las garantías sociales de todas y todos los costarricenses, como parte del desarrollo humano que debe imperar para el Bien Común.
La defensa de los Derechos Humanos por parte de un sector del Partido Unidad Social Cristiana, se mantuvo gracias a la lectura correcta y no parcializada de la realidad nacional, en donde más allá de una interpretación liberal de la coyuntura, primaron el Sentido Común y los Derechos Humanos ante todo…
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