EL PRESIDENTE: TV, fábula, cámara y verosimilitud

Imagen generada por IA.

El presidente es el vórtice noticioso del año. Sin lugar a dudas las coberturas del género periodístico conocido como: “última hora”, en su gran mayoría, han estado relacionadas con él. Persona investidura —la máxima— y personaje. Empero, el acontecer noticioso ha gravitado en torno a don Rodrigo, él no encarna necesariamente al “oponente”, de toda historia que se precie. Es decir, de toda narrativa y por consiguiente su: relato.

¿Dónde está el villano?

El villano o el oponente es siempre la incógnita a despejar. El gatillero de las acciones que hilan la abstracción de la fábula —es decir: el encadenamiento causal de las secuencias de un suceso X —o Y. La variable independiente. El problema en términos de Sir Arthur Connan Doyle.

Tres hechos noticiosos 100% televisivos han marcado el año fiscal, a saber: el caso Barrenador, el caso BCIE y el caso Limoncello. Su cobertura mediática y narrativa audiovisuales guardan similitudes y paralelismos.

La televisión y en particular las noticias son una imagen en constante estabilización. “Steady images” en palabras de los profesores John Ellis y John Corner. Las noticias televisivas (audiovisuales se podría decir dado el proceso de convergencia tecnológica — apropiación de las TICs) presentan imágenes apenas visibles y a menudo inadecuadas.

Una inestabilidad, que denota la inmediatez.

Son historias rápidas de consumo instantáneo: siempre en primer plano. Raramente se usa un plano general en la TV nos advierte Pierre Sorlin. Las noticias están mal encuadradas, con iluminación deficiente, son inestables y totalmente contingentes.

La televisión es, además de un medio muy poderoso, un proceso de estabilización de ese material de esa imagen. De hecho, la televisión puede considerarse un vasto mecanismo para procesar los datos brutos de la realidad informativa y convertirlos en formas más narrativas y explicativas.

En este marco tenemos la cobertura de nuestros tres casos. A saber:

El caso Barrenador inició con un “última hora” a finales del 2024 informando que habían arrestado a la presidenta ejecutiva de la Caja del seguro social. ¿Cómo? ¿Por qué la arrestaron? La obvia pregunta que surgió al momento de recibir la noticia. Por unos sobreprecios en los servicios de salud que brinda la institución, anotaban los reporteros. Esquivel se encontraba en San Isidro del General. Algunas imágenes de doña Marta montada en la perrera del OIJ. Todo el día duró el en vilo: tanto del traslado así como de su llegada a los tribunales de justicia en Goicoechea. Todo el día con la sospecha. Cayó el gobierno por corrupción, tan bien que iban, eran los comentarios. Llegó ya noche a las celdas del Poder Judicial y ahí pasó hasta el otro día. Mientras los reporteros ahondaban en el sobreprecio tema de fondo. Había caído el gobierno, uno más, mientras los reporteros intentaban descifrar el caso.

El caso BCIE, era viernes cerca del medio día cuando de repente surge el “Última hora”. Otra vez: la expectativa. El presidente junto con la diputada Pilar Cisneros enfrentan una gresca con un testigo “de la corona” en un restaurante en San José. De apellido Bulgarelli el testigo se encontraba en el restaurante a la hora de entrar don Rodrigo con doña Pilar. Ahí mismo se arma una refriega entre ambos protagonistas: don Rodrigo y Bulgarelli. El OIJ había decidido que Bulgarelli sería un testigo de la corona —ese es el término técnico, explicaban los reporteros— en el caso de corrupción por unos 33 mil dólares de dudoso manejo entre dos contratantes de Casa Presidencial. Los medios usaron la cámara del restaurante para ilustrar. Pero, ademas había una segunda cámara operada por la señora de Bulgarelli. Los medios reportaban que había sido el presidente quien había otorgado de forma fraudulenta el dinero y Bulgarelli lo atestiguaría.

Finalmente, el caso Limonchello. De nuevo es viernes cerca del mediodía. Cuando surge el “Última hora”. Esta vez dos periodistas son interceptados por otros periodistas a la salida de un restaurante cerca del parque España en San José. Los periodistas, cámara en mano, preguntaban e increpaban. Que ¿cómo había estado el almuerzo con el presidente, con don Rodrigo y con la diputada Cisneros? Los otros dos respondían que no estaban con don Rodrigo. Pero ahí está don Rodrigo, ¿no estaban con él? ¿En reunión de almuerzo ejecutiva? Y ellos que no. Se subieron a su carro y se fueron. Luego, salen efectivamente don Rodrigo y doña Pilar del restaurante. Los periodistas que estaban desde antes seguían en el lugar y los aguardaban. Igual mismas preguntas cámara en mano. Esta vez les fueron escoltando grabando sus respuestas y movimientos hasta el parqueo. Igual preguntando sobre la reunión con los otros dos periodistas de un medio según ellos afín al gobierno decían.

La importancia relativa de los acontecimientos que las noticias pueden cubrir se mide por criterios de poder y distancia. Cuanto más afecta un acontecimiento a las estructuras de poder de una sociedad, mayor prominencia puede adquirir. Todos los demás criterios son secundarios en lo que respecta a las noticias. Por lo tanto, la calidad de las imágenes apenas es relevante.

Los informativos se construyen a partir de estas imágenes apresuradas, contingentes y de baja calidad, por un lado, y, por otro, de su antítesis directa: la imagen controlada del presentador además de los gráficos.

Las noticias son una dialéctica entre estos dos extremos de desorden y control.

La televisión se empeña en resolver el antagonismo entre estos dos polos, ya que constituyen claramente una forma inadecuada de percibir el mundo. La televisión procura proporcionar una estabilidad creciente a las imágenes del desorden: replantea y enfoca, narrativiza y añade valor a la producción.

La televisión intenta definir, prueba explicaciones, crea narrativas, interpela, hace inteligible, intenta marginar, canaliza la especulación, intenta encajar y, muy ocasionalmente, anatematiza.

La conversación comienza en cuanto se publica una noticia. A partir de entonces, las agendas proliferan.

Las noticias prometen historias. La práctica periodística se refiere a noticias de última hora. Sin embargo, solo ofrecen fragmentos de historias. Son noticias precisamente porque no pueden ofrecer tal completitud. Operan en el mismo momento contemporáneo e incierto que vive su audiencia.

Para concluir, de acuerdo con la periodista española Cristina Martín Jiménez se fabrica lo que se conoce como un psicoescenario. Y aparejado al “última hora”, la actualidad, lo que está pasando —lo insólito, por inesperado— propio del formato televisivo, se genera un efecto “shock”, concepto acuñado y ampliamente explicado por la periodista Naomi Klein del Canadá. Por tanto, la audiencia está que no sabe ni qué pensar ni qué hacer tras recibir la noticia.

De los tres casos en cuestión a la fecha se sabe que tienen muy poco asidero para inculpar al gobierno. A los sospechosos usuales.

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