El Plan 2.0 que sí le funcionó a Carlos Alvarado

» Por Aramis K. Vidaurre - Profesor Universitario / Co-conductor “En la Esquina del Parque”, en Radio Centro 96.3 FM / www.mixcloud.com/AramisCR

Hay una máxima en muchas áreas del quehacer cotidiano que dice que si algo funciona ¿por qué cambiarlo?; en política no es la excepción. A la luz de la comunicación que hiciera este Gobierno (algunos han dicho hubo manipulación) sobre la opinión consultiva de la Corte IDH el 09 de enero pasado, la campaña electoral hacia primera ronda tomó otro rumbo: se dejó de hablar de déficit, infraestructura, empleo para pasar a hablar de derechos humanos. Esto obviamente fue una bocanada de aire fresco para Carlos Alvarado y el PAC porque se dejó de lado los ataques de la mayoría de los candidatos presidenciales hacia ellos para convertir la campaña en una lucha frontal de valores, de conservadores contra progresistas. Y todos conocemos el resultado final, Carlos Alvarado logra repuntar y Fabricio Alvarado es catapultado junto al primero a la segunda ronda.

Cuando creímos que el tema de valores, familia tradicional y la pugna entre conservadores y progresistas iba a quedar relegada, ahora sí para pasar a temas de mayor envergadura para el país, lo anterior más bien recrudece; de ambos bandos salen ataques a la yugular sobre el tipo de sociedad que según estos Carlos quería con su agenda LGTBI (y demás letras) y la que promovía Fabricio de exclusión y radicalismo religioso.

Pongamos este antecedente: una encuesta del CIEP-UCR a inicios de marzo reflejaba el perfil del votante que había apoyado y todavía apoyaba a ambos candidatos; se identificaron variables de edad, formación académica, filiación política, filiación religiosa -muy alta proporción de encuestados- y una información valiosísima que dará pie al eje central de este análisis: el tipo de sentimiento que le generaba la campaña y relación con candidato; para los que apoyaban en Carlos sentían angustia, mientras que los que apoyaron a Fabricio manifestaban sentimientos de esperanza y entusiasmo.

Y aquí me parece que alguien por ahí encontró una veta imposible de pasar por alto. Si ya se sabe que las campañas electorales en Costa Rica son emocionales más que racionales, ¿por qué no deliberadamente hacer un giro a la campaña para impactar lo emocional relacionándolo con lo religioso? Y digo “deliberadamente” sin sesgo subjetivo de considerarlo “bueno” o “malo” sino como un giro estratégico. Las campañas electorales son para ganar, no para aprender lecciones morales o éticas; ese ideal se lo dejamos para quienes quizás el dinero invertido no es de ellos. ¿Muy frío verdad?

Por ello no es de extrañar la versión 2.0 que nos brindó Carlos Alvarado durante estas últimas semanas; en un artículo anterior comenté que el Carlos que nos presentaban en aquel momento era el muchacho católico, de familia -tradicional-, quien no se atrevería a presentar en sus spots televisivos una familia sexualmente diversa, que visitó programas de radio de diversa denominación -algo impensable meses atrás-, al que también lo aislaron prácticamente del PAC cambiándole los colores.

Luego del golpe mediático que le propinó Fabricio con la presentación de asesores económicos, parece que la gente de Carlos entendió que no se trataba simplemente de cuestionar su origen político, sino que tenía que responder con un grupo de asesores económicos del mismo talante.

Cuando La Nación saca aquel domingo 18 de marzo una publicación de una decena de páginas dedicadas al líder espiritual de Fabricio, ese fue el momento que Carlos y su gente estaban esperando para atacar. Recordemos que Fabricio lideraba intención de votos según OPOL que, aunque a miles no les agradara esta casa encuestadora, como cualquier otra estaba sometida a los lineamientos solicitados por el TSE. También traigo a colación otro comentario para este medio donde sostuve que la ausencia a debates no le estaba afectando a Fabricio, y que más bien estaba “viviendo de la renta”, como el pugilista que intentaba ganar puntos en las tarjetas de los jueces sin desgastarse, y quien debía atacar era Carlos.

Así que, mientras Fabricio intentaba complacer a varios sectores con un plan de gobierno 2.0, el cual nadie se lo pidió, él solito se metió en ese saco, quienes asesoraban a Carlos estaban trabajando en su propio plan 2.0 dando al voto emocional sustancia: angustia y temor que significaba tener a un Fabricio Alvarado de presidente. Por ello tampoco es de extrañar que los debates de mayor importancia que se dieron durante las dos últimas semanas de marzo, la estrategia era clara: tratar de relacionar a Fabricio con ese temor, con ese radicalismo religioso con el cual según algunos se coartaban los mínimos principios de libertad, no para la población sexualmente diversa, sino para todos. Así que, ¿por qué dejar de lado el tema de la religión y los valores si podrían usarlo a su favor?

Fabricio hizo muy poco para negar casi que su obediencia a su líder espiritual, y hasta dijo desconocer su posición en torno a la Virgen de los Ángeles.

Ya no se trataba de que sí Fabricio tuviera título o no, o si tenía plan de gobierno versión 2.0, o de quién tenía las mejores ideas para hacerle frente al déficit fiscal; se trataba de que si Fabricio reflejaba las mismas posiciones por las que miles expresaban temor o angustia.

El resultado lo conocemos: el plan 2.0 de Carlos fue más efectivo que el de Fabricio.

Por cierto, ¿ya el Presidente electo visitó la Basílica?

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