
Quienes hemos estado en espacios radiales de opinión –ya sea en la conducción o como invitados o bien en algún momento hemos llamado para participar al aire- sabemos sobre la existencia de un fenómeno llamado “delay”, que es el retraso en tiempo –a veces segundos o milisegundos- que tarda la señal sonora en llegar al receptor. Así pues, cuando una persona llama para participar, muchas veces ésta se monitorea con la señal de la radio o de internet cuando debería hacerlo desde el teléfono. ¿Por qué? Usted se dará cuenta que cuando desde cabina el interlocutor interactúa con el participante, se genera un silencio o vacío -“gap”- en la comunicación; este es el tiempo que está tardando el participante para escuchar desde la radio o señal de internet lo que le están diciendo desde cabina. Ahí es donde usted escuchará a quien está al micrófono diciendo al participante que se monitoree desde el teléfono no de la radio. Ese tiempo de reacción de una de las partes en la comunicación por ese retraso en la señal sonora se debe entonces a este fenómeno llamado “delay”.
Y es que cuando analizamos lo que fueron los cuatro años de Gobierno de Luis Guillermo Solís Rivera, me es inevitable decir que estos fueron afectados por lo que podríamos llamar el “delay político”. Es decir, Luis Guillermo Solís estuvo monitoreando su propia señal y no la que correspondía para que el mensaje del entorno le llegara en tiempo real, y por tanto su reacción muchas veces fue deficiente.
Recordemos el primer escándalo que tuvo que enfrentar: el supuesto ofrecimiento de quien fuera su Viceministro de la Presidencia, caso que llamamos “el circo de Soley”, de una embajada a la Procuradora General de la República a cambio de una salida anticipada de sus funciones. El escándalo sale a la luz vía La Nación un 13 de enero de 2015, cuando muchos todavía vivían la resaca del cambio de año, entre ellos los diputados que todavía se encontraban en su receso. La reacción de Solís fue que se tomaría hasta el fin de semana siguiente para una decisión. Craso error. En menos de 48 horas de la publicación de la nota se levantó un polvorín que sacó a los diputados de sus vacaciones y que originó que la Comisión de Control del Gasto Público llamara a los involucrados a comparecer. El Presidente no monitoreó correctamente las señales políticas del entorno a tiempo, prefirió escuchar “su propia señal” y ese retraso lo hizo ver muy mal.
Otro ejemplo se da con aquél borrador de proyecto de ley sobre radio y televisión ese mismo año, que al final provocó la salida de la Ministra y Viceministro del MICITT y luego de su Ministro de la Presidencia en abril. ¿Qué lo precedió? Diversos sectores le habían advertido desde antes que el borrador contenía graves violaciones al principio de libertad de prensa y acceso a la información. Incluso, ante las críticas del diputado Mario Redondo, el Presidente sólo atinó a reaccionar diciendo que “don Mario Redondo imaginaba fantasmas”. Cuando el Presidente se dirigía a la Cumbre de las Américas en Panamá, le dijo a los medios que al regresar del evento tomaría una decisión sobre destituir o no a la Ministra por no haber asumido el papel que le correspondía en el manejo del tema. Al final, ambos funcionarios se dieron cuenta de su destitución por la prensa, estando Solís allá. No actuó a tiempo, no con la destitución sino desde el inicio con el manejo de ese borrador. Nunca escuchó la señal correcta.
Otros dos ejemplos fueron casos como las decisiones controversiales tomadas en el SINART –connotación religiosa-, los sobresueldos a las viceministras, y la “cereza del pastel” de ese “delay” ha sido indudablemente la situación fiscal agobiante; retrasó cualquier discusión fiscal por dos años porque según la señal que estuvo recibiendo desde el inicio, con sólo administrar los recursos se podía hacer frente a cualquier déficit; la historia la conocemos: fue el 01 de agosto de 2017 que tuvo que decirle al país que el Estado enfrentaba un problema de liquidez.
“Los tiempos de la Prensa no son los tiempos del Presidente” se dejó decir en algún momento durante los primeros meses de su gestión. Esta fue la pala que empezó a cavar la fosa de la lentitud con que enfrentó las diversas crisis durante su gestión. Excepción fueron los casos de emergencia ante Otto y Nate, cuando escuchó oportunamente las señales correctas.
Por ello es que aquellas famosas frases durante su Discurso de Toma de Posesión: “Si no les escucho, reclámenlo”, “Cuando me equivoque corríjanme; cuando, me pierda, búsquenme” NUNCA fueron realidad, porque Luis Guillermo Solís prefirió monitorear sus propias señales.
Así se marcha esta Administración Solís Rivera: dejando un lamentable vacío… en quienes depositaron en él su confianza…
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