
EDITORIAL
Cuando se habla del Partido Acción Ciudadana en la política nacional es necesario hacer una diferenciación clara entre lo que podríamos llamar el PAC fundacional, o sea el que surge alrededor del líder histórico, Ottón Solís Fallas, y el otro PAC, el de los que aprovechando el crecimiento del ideal político de Solís se arrimaron al partido a ver que sacaban.
El PAC fundacional nace a partir de rigores éticos estrictos escritos en piedra por Solís Fallas; una serie de principios básicos de la política decente que buscaban acabar con lo que llamaban “la forma tradicional de hacer política”, pero esta forma de ver la política de Solís pronto se vio superada por más y más gente que fue llegando al partido buscando puestos, en primera instancia de diputados, otros de regidores y más adelante de alcaldes.
Ya en la primera elección en que participó el PAC se vieron los primeros síntomas de personajes que a pesar de llegar al partido conociendo el Código de Ética de la agrupación, y haber obtenido una diputación a partir de estos postulados, dejaron el partido después de ser electos por considerar que su ética era “excesiva”.
Este mismo fenómeno de abandonar el partido después de obtener una diputación con una oferta política basada en la ética pública, se da también en la segunda generación de diputados. Ante esto el PAC ideó un mecanismo para evitar estas desbandadas, y estableció una fuerte sanción económica apoyada en un pagaré firmado por cada candidato a puesto de elección popular en caso de dejar el partido después de ser electo.
¡Solución mágica! Ningún diputado del PAC volvió a renunciar, pero ahora lo que hacen algunos de manera más descarada es violar el Código de Ética “al propio”. Ya no renuncian, claro para evitar un daño a su bolsillo, ahora simplemente irrespetan la ética del partido, porque de por sí, la sanción siempre será más pequeña que si se van de la agrupación.
A partir de esta clara diferencia entre el PAC fundacional y el otro PAC, es que se ha visto como este partido, tomado por los segundos, se convirtió en un instrumento de engaño electoral para los costarricenses.
Elaborando un discurso dulce al oído de la mayoría, muchos cansados de la forma tradicional de hacer política, el otro PAC ha engañado, manipulado y se ha burlado del elector.
Esto ha quedado más claro en la última campaña política nacional donde por primera vez el PAC logra la presidencia. Las promesas de cambio y de “el mejor equipo” fueron el anzuelo perfecto para la treta. Y la pesca de ilusos se dio en masa. El discurso fácil basado en la ética fundacional por fin logró una presidencia.
Pero el presidente no era Solís Fallas el padre de esa ética, el presidente era otro, y el grupo que lo acompañaba en el gobierno también era otro. No se necesitó mucho tiempo para darse cuenta que el elector había sido engañado.
Hoy el PAC vuelve a decirle a la gente “salí a votar”, nuevamente en muchos casos utilizando mensajes éticos y de cambio. Pero bueno, ya los costarricenses saben de qué están hechos en ese otro PAC, ese que no es el de Solís Fallas.