
Un viejo pasaje bíblico toma como referencia la conducta humana para afirmar: “Por sus obras los conoceréis”. Y hoy, el mundo enfrenta conductas humanas muy peligrosas de parte de individuos que tienen en sus manos el control de tres países grandes y poderosos: China, Rusia e Irán. Y sus conductas, sus “obras”, son las que muestran el peligro tan serio que el mundo libre tiene ante sí.
Los gastos militares, la expansión nuclear y la agresividad verbal de Xi Jinping, Vladimir Putin y los Ayahtolas iraníes contra sus enemigos: Taiwán, Estados Unidos, Israel y Europa, son evidencias de las ambiciones hegemónicas y totalitarias de diferentes magnitudes que cada uno de ellos sustenta y que no ocultan en sus declaraciones públicas. Sin embargo, cada uno de ellos sabe que no tiene poder para derrotar a sus enemigos y que una alianza entre ellos es la que hace la diferencia. Esa alianza se venía planeando desde hace algunos años. En mayo del 2014, Xi Jinping organizó una reunión en Shangai donde participaron Vladimir Putin y Hasan Rohani en la que comenzaron a dar pasos de acercamiento mediante cooperación en campos de importancia fundamental como la energía, las tecnologías nucleares y el espacio. El propósito central de esa alianza es crear “un nuevo orden mundial” controlado por ellos tres.
Con la invasión militar que Putin lanzó contra Ucrania el pasado mes de febrero, se dio comienzo a la estrategia de imponer el nuevo orden mundial. Simultáneamente, Xi Jinping elevó el nivel de sus amenazas de invasión militar contra Taiwán con el despliegue masivo de aviones de guerra muy cerca de la franja de seguridad taiwanesa. Y los Ayahtolas iraníes anunciaron progresos significativos en sus proyectos nucleares.
De los tres escenarios de peligro que ha presentado el Eje China-Rusia-Irán, el más peligroso es Taiwán. Los Ayahtolas no tienen todavía la bomba atómica para desaparecer a Israel y apoderarse del mundo árabe. Putin no ha tenido éxito en su acción militar en Ucrania y, aunque ese fracaso puede ser un mensaje de peligro para China, todo parece indicar que Xi Jinping no va a dar un paso atrás en sus ambiciones hegemónicas globales en las que Taiwán es su siguiente paso.
Evidentemente, Estados Unidos y Europa están ya conscientes del enorme peligro que representa China, más que el de Rusia e Irán, y que no debe haber titubeo en cuanto a enfrentar el desafío de Xi Jinping. Por esa razón, la visita programada de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, a Taiwán debe realizarse sin falta.
Xi Jinping ha usado a sus voceros militares y diplomáticos para lanzar amenazas contra Estados Unidos y en una conversación personal con el presidente Biden el pasado 28 de este mes, tuvo la osadía de decirle que, con esa visita a Taiwán, Estados Unidos estaba “jugando con fuego”.
La Speaker Pelosi ya recibió el respaldo del líder republicano del senado, Mitch McConnell, y ese respaldo es importante porque demuestra que Estados Unidos está unido y consciente que frenar a Xi Jinping y defender a Taiwán son cruciales para ponerle coto a las crecientes intenciones chinas de apoderarse del mundo.
El nuevo orden mundial que pretenden esos dictadores no puede ocurrir. El mundo debe seguir siendo mayoritariamente libre y a Estados Unidos le toca esa responsabilidad.
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