Cuando se platica con las personas, se le ciertos artículos en la prensa, o bien, se aplica de una forma muy básica el sentido común, resulta posible plantear algunas dudas razonables sobre los precios que pagamos los consumidores, la forma en la que se determinan, el tipo de cambio, y algunos de sus efectos derivados; en fin, la manera particular que tiene cada quien de percibir estos elementos en la economía, elementos que no son tan abstractos como algunos quieren hacer creer, más bien, son bastante concretos, y hasta prácticos.
Una pregunta sencilla: ¿Sabe dónde han sido fabricados los productos que normalmente se consumen? o dicho de otra forma, ¿Tiene claro si los productos que consume son hechos en costa rica, o son importados?
Se sorprendería la cantidad de productos que compramos, que son hechos en otros países; pero no necesariamente el tema se refiere a celulares, computadoras, electrodomésticos en general, o vehículos, tiene que ver con los productos de uso frecuente, aquellos que compramos mes a mes, o inclusive, por quincena; y siguiendo con el sentido común, muy probablemente, los productos que son fabricados en nuestro país, poseen algunas materias primas adquiridas fuera de nuestro territorio. Es decir, que en la estructura que determina el costo de fabricación de un producto hecho en Costa Rica, pueden existir elementos que dependen de un precio internacional de la materia prima, de su transporte y almacenamiento, del pago de impuestos, del tipo de cambio, entre otros.
Pero entonces, ¿Cómo se fijan los precios de los productos que todos compramos en nuestro país? Es que hay diferentes modelos de fijación de precios Claro está, se podría decir que es dependiendo del tipo de producto y de la legislación nacional; un primer ejemplo son los combustibles. Nadie niega la influencia que tienen los combustibles en la fabricación de productos, pues afectan de manera diversa la estructura de costos; pero vienen algunas preguntas: ¿Porqué si el precio de los combustibles baja o sube, los empresarios autobuseros -por ejemplo- tienen como afectación el aumento o reducción de los pasajes que cobran a los usuarios del servicio? ¿Porqué cuando suben los precios del combustible, suben los precios de los productos que compramos, pero cuando los precios de los hidrocarburos se reducen, el precio de los productos que adquirimos, no baja?
En el caso del precio de los combustibles, como es un tema medianamente conocido por todos, solamente se dirá que la estructura de costos está muy bien definida, ya sea la distribución, los impuestos, los márgenes o porcentajes de utilidad, los costos asociados, y el precio se determina por la regulación de un ente público; de igual manera, el transporte público, posee una identificación de costos bastante bien estructurada, con similares circunstancias de regulación; pero entonces, ¿Qué sucede con los precios de los productos que compramos?
Se supone que los precios de bienes y servicios, se establecen por la ley de la oferta y la demanda, sin embargo, no resulta ser tan cierto. La estructura de costos de un bien es necesario determinarla para establecer si se está teniendo pérdida o ganancia al comercializar ese producto, pero realmente el precio se establece mediante una comparación razonable, con productos similares que compiten en el mercado. Es decir, la comparación razonable se refiere a calidades, cantidades, diseño, formulación y características generales que permitan establecer una equivalencia o similitud.
Pero… ¿Existe la posibilidad de un acuerdo directo o inconsciente de los importadores, distribuidores, o comerciantes del producto final, para vender productos con muy altos márgenes de ganancia, obteniendo utilidades superiores, acostas de los consumidores? ¿El Estado tiene un papel en la estructura de costos o en la fijación de los márgenes de utilidad de los empresarios?
Además de cobrar los impuestos, sea por la importación, por el IVA, o por el impuesto de la renta; claro está -a menos de que haya evasión o fraude fiscal, en alguna de sus manifestaciones- el Estado no interviene en la fijación de precios, pues se supone que la economía compite dentro de un marco de oferta y demanda, y por eso, de manera correcta, no debe intervenir. El problema es que las reglas de la oferta y demanda, tienen sentido en un mundo ideal de competencia perfecta, donde solamente los “primos malvados” del libre mercado intervienen, ellos son: el acaparamiento y la especulación, que aunque tienen cierto parecido, los mecanismos, objetivos y plazos difieren.
Pero entonces, ¿Hay fijación de precios mediante la oferta y demanda? Para efectos del Estado si, inclusive aún se cuenta con la llamada “canasta básica”, como herramienta para calcular la inflación, pero a la hora de la llegada, en la práctica… Ese es un aspecto delicado, ya que si hay un acuerdo directo o inconsciente de varios participantes de la cadena de importación y comercialización del producto, la participación del consumidor es limitada o nula, por ende, no sería posible establecer bajo esta premisa, que las reglas de la oferta y demanda se cumplen en la fijación de los precios.
¿Y el papel del tipo de cambio, con relación a los precios? Efectivamente, el tipo de cambio influye en la estructura de costos de los productos, pero si la fijación de los precios es mediante la comparación razonable, su influencia será relativamente poca; por ejemplo, una mayonesa importada, que cuesta en el súper mercado, alrededor de 1800 colones, puede que su precio no se vea reducido aún a pesar de que el tipo de cambio baje, pues si los participantes de la cadena de comercialización de productos importados, o los productores nacionales, consideran que los costarricenses contamos con el poder adquisitivo para comprar la mayonesa y similares a ese precio, resulta razonable pensar que en lugar de transferir la reducción en el tipo de cambio al precio del producto, simplemente vean muy oportuno, aumentar su margen de utilidades, y los dividendos de los accionistas de las empresas. De tal manera, que al ser limitada la participación del consumidor, como integrante del universo económico, para interactuar dentro de la oferta y demanda con mayor libertad, es donde los grupos empresariales, amparados bajo el criterio legal de hacer todo aquello que no esté expresamente prohibido, mediante ley, decreto o reglamentación, no trasladan parte o la totalidad del diferencial cambiario, distorsionando el sistema de oferta y demanda.
Ahora bien, hay precios diferentes dentro de un segmento de un producto, pues como se recordará se habló de similitudes, pero las estrategias de mercadeo también intervienen, es decir, si un producto tiene cierto precio y cuenta con 400 gramos, un producto similar que desee diferenciarse por el precio, coloca 330 gramos en su presentación; pero eso no significa que sea más barato, es que puede traer menos cantidad del producto, el empaque puede ser de una calidad inferior, entre otras situaciones.
Así las cosas, la abundancia de dólares en la economía, lo que favorece un mejor tipo de cambio de la moneda nacional, no necesariamente influye todo lo que se quisiera en los precios de los bienes y servicios que adquieren los consumidores, y sin embargo, la cantidad de dinero que el Banco Central pone a circular en la economía, así como otras variables similares, influyen en los precios; por ahora se dirá solamente que estamos a punto de llegar a 21 mil millones de dólares en reservas de divisas en el Banco Central, eso equivale aproximadamente a unos 9 billones, 870 mil millones de colones. Hace 4 años, en mayo del 2022, las reservas eran aproximadamente de 6300 millones de dólares; y si se hace una simple resta, la diferencia son 14 mil 700 millones de dólares. Vienen varias preguntas: Al comprar dólares en el mercado por parte del Banco Central a diferentes precios ¿De dónde salieron los colones para intercambiar por dólares durante éstos 4 años? ¿Hubo emisiones monetarias adicionales, o lo que es lo mismo, se presionó el botón para fabricar dinero, alrededor de 6 billones, 900 mil millones de colones que están circulando en la economía? ¿Influye en los precios de los bienes y servicios, la gran cantidad de colones y dólares que circulan? ¿Porqué no se usan parte de las reservas de divisas del Banco Central para pagar la deuda con la CCSS, solucionar los problemas de órdenes sanitarias de nuestras escuelas y colegios públicos, o la inversión en mejoras para nuestros cuerpos de seguridad del estado?
Cada quien podrá, con las interrogantes anteriores, hacer sus propias conclusiones, pero en lo que atañe a los precios de productos, la teoría dice que entre mayor sea la oferta monetaria, los precios de los bienes y servicios tienden a subir, y de igual manera, las tasas de interés, como la tasa básica pasiva, no puede bajar todo lo que la economía y los inversionistas, o clientes crediticios quisieran, ya que es por medio del control de las tasas de interés, que también se puede controlar la inflación.
Ahora bien, y si el amable lector se ha perdido entre las medidas y contra medidas en la economía, simplemente el ejercicio está servido, sea porque ahora tenga más plata para salir del país, gracias al tipo de cambio favorable, o porque compare precios de artículos en países vecinos por la red, y ahí se dará cuenta de que los precios de los productos, no solamente son más baratos, si no que hay diferencias bastante apreciables; ¡Y sin embargo, tenemos un tipo de cambio muy favorable, e inflación negativa! Y el colmo de la situación comparativa, es corroborar que un producto hecho en Costa Rica, tiene un precio mucho menor en otros países, que el monto por el cual se comercializa en el territorio nacional.
No es un sueño, no es una percepción, o hasta una estrategia de “neuro marketing”; es la realidad de la compra que hacemos en el súper mercado, en las tiendas o en la zapatería, inclusive al pagar nuestro alquiler de vivienda, o nuestra hipoteca, y sin embargo, la inflación negativa que señalan los entes oficiales del estado, sufre un “encuentro cercano del tercer tipo”, cuando nos comparamos con las economías de los países vecinos. Por otra parte, el poder real del Estado, mediante la reglamentación y la emisión de decretos ejecutivos, la influencia sobre la política fiscal o hacendaria, el control aduanero y de procesos; también sobre la política monetaria, a pesar de la autonomía que goza el Banco central, tiene que pasar necesariamente por la voluntad y la estrategia de quien ejerza el Poder Ejecutivo.
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El autor es Licenciado en Banca y Finanzas, egresado de un posgrado en dirección Estratégica y persona con discapacidad visual.