Insultar la inteligencia de los perceptores. Empieza mal el Ministro de Comunicación. “Es que el entonces candidato Guillermo Solís, no definió el concepto del cambio”, declaró Mauricio Herrera en un “conversatorio complaciente” en la Revista de Canal 13.
Y remacha: “los de derecha tenían una percepción del cambio. Y los de izquierda, sus propios propósitos”. A esto yo le llamo “malabarismo retórico”.
Veamos: Cuando Luis Guillermo Solís lanzó la consigna del cambio debió definirla para que sus asesores de imagen la promocionaran.
Al hacerlo, interpretaba el sentir de un pueblo que quería “desterrar la corrupción de la función pública”, como en algún momento, el mismo Solís Rivera lo proclamó.
¿Qué es corrupción política? Aprovecharse del poder para repartir prebendas, premios y beneficios a sus más allegados, sean parientes, amigos, o socios en negocios y empresas.
A Laura Chinchilla se le castigó la trocha maltrecha y el robo de los 20 mil millones que se aprobaron a la carrera; también se le cobró el regalo a la OAS de la carretera a San Carlos.
A Luis Guillermo Solís, el nombramiento de la esposa del obispo Jiménez en un alto cargo en una de las tantas instituciones del MEP; el nombramiento de la ex presidenta del PAC por parte del ex presidente de la Asamblea Legislativa, Henry Mora, en un cargo inexistente, aprovechándose de una plaza liberada por la jubilación de un chofer, o misceláneo.
Y para terminar de exacerbar los ánimos, la aprobación, a rajatabla, aun en contra de la Constitución Política, del presupuesto nacional 2015, por 7,9 billones de colones.
Esto es apenas como una punta del iceberg. A como pasen los años, aumentará la lista de desaciertos y actos corruptos.
Ante estos hechos demostrables, el malabarismo retórico se da de narices. Saludos afectuosos, señor Ministro Mauricio Herrera.
