Cuando gobernar se convirtió en una hoja fría de Excel y se le pasó tijera a toda la obra social…
Hay momentos en la historia de un pueblo que definen su alma para siempre. En Costa Rica, para entender por qué somos la nación más estable de la región, hay que encender la luz del pasado. Vale la pena recordar a dos hombres que se odiaban políticamente, que se enfrentaron en una guerra civil con muertos de por medio, pero que tuvieron la grandeza espiritual de poner a la Patria por encima de sus propios hígados: el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y don José “Pepe” Figueres Ferrer.
El Dr. Calderón Guardia ya era un gigante mucho antes de ser Presidente en 1940. Su mística no nació en las comodidades de un escritorio político, sino en la crudeza del Hospital San Juan de Dios. Ahí trabajaba de día. Por las tardes, en su consultorio privado, atendía gratis a los más necesitados y muchas veces caminaba hasta los barrios más humildes para curar enfermos. Cuando veía que aquellas familias no tenían un cinco para las medicinas, el doctor las pagaba de su propio bolsillo. Estas entrañables historias las escuché yo mismo de boca de gente muy mayor; costarricenses que vieron al Doctor llegando a sus casas siendo ellos muy niños a ver a sus familiares enfermos. De ese choque de frente con el dolor material y espiritual de nuestra gente nació la visión para fundar la Caja Costarricense de Seguro Social, las Garantías Sociales y la Universidad de Costa Rica.
En 1948 las armas nos dividieron y don Pepe Figueres emergió como el líder político victorioso. Con el poder absoluto en sus manos, don Pepe pudo haber borrado de un plumazo toda la obra de su rival político. Hubiera sido lo fácil, lo que el hígado le pedía a muchos. Pero no lo hizo. La genialidad de Figueres radicó en comprender que la salud, la educación y la dignidad del pueblo no tenían bandera política. En la Constitución de 1949 no solo blindó las Garantías Sociales, sino que tomó la decisión más profética de nuestra historia: abolió el ejército. Cambió los cuarteles por escuelas. En las décadas siguientes, las fuerzas vivas del país terminaron de tejer ese milagro que nos dio décadas de paz social a través de instituciones como el ICE, el INA, el AyA, el IMAS y el Banhvi.
Hoy, la realidad es muy diferente y duele en el pecho. Esta semana vimos a la administración oficialista inaugurar con bombos, platillos y propaganda en redes el CACCO, la nueva mega cárcel en La Reforma diseñada para albergar a reclusos. Una obra abiertamente inspirada en las cárceles de El Salvador, donde hay más de 90.000 personas recluidas, la gran mayoría sin el debido proceso. El Gobierno celebra este enorme bloque de concreto y candados como si fuera el mayor logro de su gestión. Pero mientras las cámaras enfocaban los nuevos uniformes y los barrotes de máxima seguridad, las tijeras de Hacienda recortaban silenciosamente el corazón de nuestra red social. Da profunda tristeza ver cómo destruyen en cuatro años lo que a los verdaderos patriotas les tomó un siglo construir. Los populismos modernos no ocupan tanques para someter a un pueblo; les basta un lapicero, frialdad técnica y la crueldad de una hoja de cálculo.
El futuro secuestrado en las aulas
La educación es el pilar de cualquier nación que aspire a ser libre, pero es, ante todo, el gran igualador social. El estudio otorga dignidad. Es la herramienta sagrada con la que un joven de zona rural o de barrio marginal rompe las cadenas de la pobreza, no solo la económica, sino también la mental y la espiritual. En un mundo que a veces parece diseñado para mantener a las clases menos privilegiadas abajo, el acceso al estudio es el único camino real hacia la libertad.
Los diputados constitucionalistas, y a lo largo de la historia reciente otras Asambleas Legislativas responsables, blindaron esto en nuestra Carta Magna exigiendo un mínimo del 8% del PIB para la educación pública. Pero hoy, ese mandato es letra muerta. Los datos oficiales dan escalofríos: en 2021 la inversión educativa era del 6,9% del PIB; para 2022 cayó al 5,7%; bajó al 5,4% en 2023; descendió al 5,3% en 2024 y para este periodo actual se hundió a un histórico y vergonzoso 4,9% del PIB.
Para que se entienda la magnitud de la jugada: quedar congelados en un raquítico 4,9% del PIB para el presupuesto de 2027 no es eficiencia fiscal, es un apagón educativo. Significa un recorte masivo de ₡371.516 millones que deja a miles de escuelas con los techos caídos. Congelan además ₡5.790 millones de los comedores escolares —tomando en cuenta que para muchísimos de nuestros niños el plato que reciben ahí es lo único que comen durante todo el día— y le quitan ₡7.710 millones a las becas Avancemos. El mandato del 8% constitucional lo convirtieron en papel higiénico.
El ancla rota del techo propio
Tener una vivienda digna no es simplemente contar con cuatro paredes y unas láminas de zinc. En la psicología social, la casa es el ancla emocional de una familia. Es el espacio sagrado donde los niños crecen seguros, donde pueden sentarse a estudiar sin que se les mojen las tareas y donde los padres encuentran paz tras una jornada de trabajo duro. Quitarle a una familia pobre la posibilidad de un techo propio es condenarla a la vulnerabilidad extrema y al hacinamiento perpetuo.
A pesar de esto, la motosierra presupuestaria de Hacienda se ensañó con el Banco Hipotecario de la Vivienda (Banhvi). Desde que este movimiento llegó al poder, el recorte acumulado es devastador: en 2022 quitaron ₡21.476 millones (dejando a más de dos mil familias sin casa) y en 2023 la tijera arrebató otros ₡11.560 millones. Por si fuera poco, tras un hachazo extraordinario previo de ₡30.000 millones, la propuesta más reciente contempla arrancarle al Fondo de Subsidios para la Vivienda otros ₡33.314 millones. Están paralizando el sueño de la vivienda de interés social en un país que clama por dignidad.
El abandono a los más desamparados
El Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) nació con una misión muy clara: ir al auxilio de los “pobres entre los pobres”, levantar a quienes el sistema deja rezagados. Sin embargo, desde el 2022, los programas asistenciales del IMAS sufren un estrangulamiento financiero silencioso pero letal, reduciendo el alcance de los subsidios básicos y debilitando la Red de Cuido.
La última estocada oficialista contempla un rebajo directo de ₡911 millones orientados precisamente a la prestación alimentaria. Esto golpea directamente en el estómago de las madres jefas de hogar y de los jóvenes vulnerables que dependen de ese empujón para no caer en la miseria total. Es una cadena de desamparo que se une al hachazo previo de ₡40.000 millones y la nueva propuesta de recortar ₡56.474 millones que también le plantaron a los CEN-CINAI. Le están quitando la nutrición a la infancia en pobreza extrema.
Los parias de nuestra propia tierra
Pero el rostro más desgarrador, el que de verdad quita el sueño y demuestra la creación de “castas invisibles”, es el desprecio absoluto hacia los habitantes de la calle. Hablamos de personas que, por vueltas trágicas de la vida, cayeron en la indigencia más absoluta. Son seres humanos con el espíritu roto, ya sea por el flagelo de las adicciones, por una mala pasada económica que los dejó en la quiebra total, o porque son migrantes que llegaron huyendo de las garras de dictaduras crueles en sus propias patrias y vienen a nuestro país en busca de auxilio y refugio.
Hoy se les trata como los parias de nuestra época, los “intocables” de la sociedad, los leprosos de antaño a quienes la gente prefiere no mirar a los ojos. Pero nosotros, como sociedad civilizada —ya no solo por un mandato cristiano, sino por puro humanismo— tenemos la obligación moral de estirar la mano para rescatarlos.
¿Cuál ha sido la respuesta de la administración? Un plan inaudito del Ejecutivo para recortar el 98% de las ayudas de salud destinadas a estas personas dentro de la Caja, arrebatándoles ₡159.369 millones de un solo plumazo. Les están quitando el derecho a la medicina a los que no tienen un techo, ni una cobija, ni a nadie en este mundo que pregunte por ellos. Proponer gastar miles de millones del presupuesto nacional en levantar las paredes de concreto del CACCO mientras se desmantela la salud de los indigentes, la comida del IMAS a los pobres y la leche a los niños es un canibalismo social que nos arranca el corazón.
La sentencia de muerte a nuestro agro
Y si creen que este desprecio se queda solo en las ciudades, es porque no han vuelto la mirada al campo costarricense. La adhesión de Costa Rica al Tratado Transpacífico (CPTPP) se ha venido manejando bajo la mesa, en absoluto secretismo y a puertas cerradas, dejando por fuera a quienes de verdad sudan la camiseta en la tierra. Este acuerdo internacional viene a imponer aranceles en el 0%, abriéndole de par en par la frontera a potencias agrícolas gigantescas y súper subsidiadas.
Esta apertura desmedida es lanzar directamente a los leones a nuestros pequeños y medianos productores nacionales, que ya están contra las cuerdas por el alto costo de los insumos y la asfixia del tipo de cambio. Estamos hablando de poner en jaque inmediato a más de 28.000 fincas lecheras frente a Nueva Zelanda, a 10.000 fincas de carne frente a Australia, y a miles de familias que viven con el alma en un hilo produciendo palma, arroz y café frente a Malasia y Vietnam. Destruir el empleo rural fuera del Valle Central no es modernizar el país; es regalar nuestra soberanía alimentaria en otra hoja fría de Excel.
El despertar del espíritu costarricense
Costa Rica no puede seguir caminando por este sendero de desprecio y frialdad. Es urgente que detengamos esta maquinaria que pretende sustituir nuestra solidaridad histórica por símbolos de odio, división y revanchismo. Nos están queriendo acostumbrar a que el sufrimiento del vecino no es problema nuestro, a que los vulnerables son un estorbo en una hoja de cálculo.
Tenemos que volver a soñar en grande, exactamente como lo hicieron nuestros antepasados. Ellos no gobernaron desde el rencor de sus trincheras; supieron levantar la mirada y ver la nobleza que este pueblo es capaz de ofrecer cuando se le respeta y se le protege. Como bien decía el Dr. Martin Luther King: “La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes”. No se puede pisotear la dignidad del más débil sin terminar pudriendo la paz social de toda la nación.
Por eso, este no es un llamado a la resignación, sino un grito al corazón de cada costarricense bien nacido. La verdadera Costa Rica no es la de los discursos soberbios desde un podio ni la de las tijeras presupuestarias que castigan al humilde; nuestra Patria es la de la mano extendida, la del abrazo oportuno, la que se construyó con la fe de nuestros abuelos, el sudor de nuestros agricultores y la tiza de nuestros maestros.
Nuestra identidad no se mide en barras de concreto carcelario. El verdadero tico entiende que la Dicha Humana no se alcanza con el desamparo del vecino, sino con la justicia social. Nacimos para caminar hacia la Luz del entendimiento y de las ideas, no para escondernos en las sombras del revanchismo. Esta tierra fue bendecida con el don de la Libertad, esa que se cultiva en las aulas abiertas y en los campos labrados con dignidad, y es la Virtud del trabajo honrado y de la compasión lo que nos sostiene como pueblo.
Es hora de sacudirnos la indiferencia, de levantar la frente con orgullo y recordar que el alma de este pueblo es solidaria, humana e invencible. A los olvidados, a los de abajo, a los que hoy pretenden dejar a la sombra de los nuevos pabellones carcelarios o en el abandono de los campos agrícolas, los vamos a defender con honor. ¡Porque ellos también son la Patria, y la Patria no se vende, la Patria se abraza!
¡VIVA COSTA RICA SOLIDARIA !!!
¡VIVA CRISTO REY !!!