El jaguar y la corderita

Cuando ya estamos a escasos 2 días de las elecciones y luego de meditar bien mi voto recibí una nota de Don Javier Álvarez, cédula 5-070-614 de 92 años que me llamó mucho la atención pues me ha confirmado más el no votar por el continuismo. Tomando como base la nota les escribo. La fauna política de Zapote ha desplegado su estrategia más voraz. El “Gran Jaguar”, fiel a su instinto de confrontación, ha encontrado finalmente a la pieza que faltaba en su engranaje: una “corderita” ideal para prolongar un festín que el país conoce de sobra. No se trata de un banquete de propuestas o soluciones nacionales, sino de una dieta sostenida por cuatro pilares: gritos, mentiras, calumnias y malacrianzas.

La propuesta es clara, pero peligrosa: votar por doña Laura y sus candidatos a la Asamblea Legislativa es, en realidad, votar por la consolidación de un poder absoluto. No nos llamemos a engaño. Ellas y ellos, al igual que la candidata presidencial, no serían otra cosa que simples marionetas bajo el control del “macho alfa” jaguareño. El objetivo final es evidente: manejar los hilos del Estado al antojo de Zapote para instaurar una tiranía que no duda en pisotear nuestras leyes, nuestra democracia y nuestros derechos fundamentales. Votar en contra de doña Laura y sus candidatos a diputados es un acto de legítima defensa ciudadana. Es decirle “no” al proyecto de un dictador en potencia que busca convertir el servicio público en un banquete personal de gritos y malacrianzas.

No permitamos que el jaguar devore nuestra libertad. El primero de febrero, defendamos a Costa Rica con un voto consciente, lejos de los hilos que pretenden movernos desde Zapote. Nuestra democracia no tiene dueño, y nuestra dignidad no está en venta.

El compromiso patrio, votar contra la división y el mesianismo

A las puertas de una elección trascendental, el mensaje que emana de Zapote es tan nítido como peligroso: la fractura deliberada de la familia costarricense. La estrategia del “macho alfa” jaguareño no busca la unidad nacional, sino la segregación de los ciudadanos en bandos irreconciliables. Nos han clasificado entre buenos y malos, entre “jaguares” y corruptos; una dicotomía simplista que pretende elevar a unos al altar de los santos y hundir a otros en la categoría de demonios.

Un voto de defensa nacional

Ante este panorama, votar en contra del partido Pueblo Soberano ha dejado de ser una simple opción electoral para convertirse en un verdadero compromiso patrio. No se trata de una lucha de partidos, sino de una defensa de la institucionalidad frente al autoritarismo que busca disfrazarse de voluntad popular.

Costa Rica no es una selva de jaguares y presas, es una República de ciudadanos libres. Este primero de febrero tenemos la oportunidad de rechazar la malacrianza como política de Estado y la mentira como programa de gobierno.

Votar contra las marionetas es votar por la libertad de nuestra democracia. Por la paz de nuestra familia costarricense y por el respeto a nuestra Constitución, el mensaje debe ser contundente: la patria no se divide, se defiende.

La misma receta, peores resultados

En cuanto a los “ladrones de cuello blanco”, en Costa Rica bien se sabe que abundan desde siempre. Lo curioso es que este gobierno, que llegó con la bandera de la ética, ha terminado haciendo lo mismo de aquellos a quienes critica. Sin embargo, lo que sí es dolorosamente nuevo es el retroceso sistémico que vive el país.

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