El G7 menos uno

Los vestidos millonarios de última moda de las damas, los trajes de los políticos, cuyos sacos con botones sin usar, los ademanes, las muecas disfrazadas, las sonrisas anunciadas, los saludos al vinagre, las dudas de pasar las manos en señal de saludo o de “acompáñame”, el adelantarse o pararse frente a los demás en la tarima según el protocolo, la presencia de los parientes y acompañantes en el magno evento, han proporcionado a las comunicadoras y a los comunicadores, el motivo para llenar los espacios vacíos durante las reuniones y; a la postre, escribir los reportajes para las revistas de actualidad, excepto para los periodistas serios, quienes con el fin de olvidar los exabruptos de los protagonistas de la cumbre, han podido redactar el desenlace del G7, de muy pocas nueces, al siglo carente de soluciones, algo concretas. Ocultos tras las ruinas de los templos griegos de Taormina, los dioses helenos, padres de la verdadera democracia, se deberían haber quedado lelos al escuchar tamañas barbaridades en nombre de la caduca democracia de nuestros tiempos. Del dinero “maldito” que el “Big” señor Trump recibió por la venta de las armas Yankees, una cantidad mínima, la donó al Vaticano para los pobres del África. El Santo Padre; de seguro a escondidas, pidió perdón a su Jefe, a causa de la donación imprevista y ¿?. Sin embargo, el magnate; en un tema muy caliente, como el cambio climático, le importó un bledo y no firmó el acuerdo unánime de la mayoría, además; si su proyecto de reactivar las minas de carbón se llevara a cabo, a nadie le quepa la duda de las futuras muertes de los mineros con los pulmones destrozados, porque para él el Tío Sam está de primero. Los italianos; maestros de la oratoria, que muy a menudo no conduce a nada de positivo, añoran el Plan Marshall, que salvó la alicaída economía de la Italia de la post- guerra.

El marido de la señora Merkel recibió una nota nueve de calificación que hizo la prensa, sin embargo, la canciller de Alemania debería ser la poseedora de un diez. La primera ministra del Reino Unido, señora Theresa May; muy preocupada, a justa razón, por el terrorismo de su nación y; dicho sea de paso, por la metida de escarpín del Brexit, tuvo que ausentarse antes de tiempo.

El joven y apuesto debutante primer ministro Galo, de seguro anheló promover una libre y próspera Francia, libre al fin de La Pen y sus partidarios.

El también joven premier canadiense, heredero del “humor” británico; mantuvo su sonrisa sibilina, casi todo el tiempo de la reunión.

Pese a todas las “tristezas” del G7, el verdadero broche de oro; la música, que debería unir a todo el planeta, la ofreció excelente actuación de la Orquesta del “Teatro alla Scala de Milano”.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

[tipocambiocompra]
[tipocambioventa]

Últimas noticias

Edicto