
Los gobiernos, “rara avis”; que quisieran producir empleos y por tanto progresar, deberían en primera instancia, conceder incentivos fiscales, desde luego; razonables, a los emprendedores con el fin de que pudieran crear industrias de todo tipo y así dar trabajo a mucha gente, amén; como contraparte, de obligarlos a mantener un fondo de emergencia, en caso de posibles quiebras; para no dejar en la calle a sus trabajadores; un Tico comentaría: ”no es galleta”; no obstante la buena voluntad y la honestidad sugieren que todo es posible.
Los “bombetas” trasnochados, a quienes no hay que tomar mucho en cuenta, sentencian “Urbi et Orbi” que no hay que regalar el pescado, hay que enseñar a pescarlo, mientras tanto; durante el aprendizaje los “pescadores” pueden morirse de hambre con toda tranquilidad y en paz.
Los alemanes pagan a los desempleados una cuota mensual de euros como ayuda, además del alquiler, la luz y el gas, hasta que no consigan trabajo y por ende hagan el empeño correspondiente, a veces; auxiliados también por el Estado, sin embargo cuando los desempleados, adrede; no hacen nada y se vuelven vagabundos, pierden todo.
Por antonomasia; aunque el tema no es el mismo, pero algo parecido, nos viene en la mente el grato recuerdo del Papa Juan Pablo II° quien en una forma pacífica, derribó “La cortina de hierro” y de consecuencia el yugo comunista de la desaparecida Unión Soviética, bajo la cual estaba Polonia su tierra natal y; entre las otras naciones Hungría, cuyo actual presidente el señor Orban, un “filántropo”, quien ha transformado las fronteras de su país en unas fortalezas infranqueables para impedir el ingreso de los emigrantes de todas las nacionalidades y religiones, y no “contaminar” a los Magíares.
Nos viene a colación la siguiente pregunta: “¿Valió la pena, la hazaña del fallecido Pontífice?”.
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