
Andy Warhol dijo una vez que todos tendríamos nuestros 15 minutos de fama. Pero hoy parecería que esos 15 minutos de fama, se concentran en las redes sociales. Hoy los medios digitales comienzan a concentrar la publicidad que otrora manejaba la prensa escrita. Mucha de la juventud actual ve como una carrera convertirse en un youtuber, o un influencer, tener cientos de seguidores o muchos me gustan en sus publicaciones.
Hoy, hay hambre de reflector, hambre de micrófono. Cualquier recurso parece ser bueno. Unos por ejemplo optan por comentarios provocadores o mordaces dirigidos a sectores religiosos, o políticos. No buscan construir, buscan exacerbar hasta que estos lleguen al insulto. Otros buscaran la provocación en la imagen, ya sea lo más sexualmente atractivo, que arranque más comentarios; o partir de lo grotesco o de lo soez.
En esta nueva era , sus “estrellas” con todo tienen una característica semejante a las estrellas del Hollywood clásico, la dificultad de diferenciar cuando son el personaje que vive en la pantalla, y cuando la persona que vive en el mundo real día a día. Es conocida la anécdota de Rita Hayworth que llegó a cansarse de sus amantes. Decía que sus amantes siempre se acostaba con Gilda (aquel papel en la gran Pantalla que la inmortalizó en la historia del cine), pero que despertaban con ella a su lado. Lejos de glamour de las luces de neón, la luz del día la humanizaba, y muchos no sabían o no querían comprenderla, preferían quedarse con una Gilda que solo existía dentro de una película
Junto a estas nuevas estrellas de las redes, florecen nuevos formatos de la prensa roja, dirigidos a convertir a estas estrellas casi en marcas o productos de consumo. O los hacen opinar de todo, por eso en nuestro país no es extraño que estos personajes autodenominados influencers terminando participando o generando polémicas. Así hemos tenido episodios donde una instructora de aeróbicos regañando al Presidente de entonces por la forma en que se estaba gestionando la emergencia en Upala, durante el paso del Huaracan Otto, o un bailarín que cuestionaba los controles del Aeropuerto Juan Santamaría, al inicio de la pandemia. Es decir, se trata que solo se representan a sí mismas, a las que se les termina dando el status de una figura electa.
Y la verdad, no es culpa de ellos, son nuestros medios los que termina convirtiendo esta acción en noticia. Si vemos la mayoría de los medios tradicionales, el tiempo o la cantidad de páginas que destinaban para cubrir noticias políticas, económicas y sobre todo las internacionales, han ido dando paso a dar cobertura a este tipo de celebridades y a las noticas relacionadas con este medio. La calidad de la noticia decae, y con ella la calidad del debate público.
Lo más triste de esta era de la provocación, es que a pesar de su carácter efímero, no parece terminar. Las poses y los escándalos de hoy, serán sustituidos por otras novedades. Algunas figuras siguen el destino de Ícaro, condenadas a caer del cielo, por acercarse demasiado al sol. Unos caen en el olvido, otros a tiempo optan por dedicarse a vivir una propia, alejada del glamour de la pantalla.
En este culto a lo efímero, no caen solo las figuras, sino el debate sobre los temas de actualidad, condenados a ser arrastrado por el paso de los acontecimientos. Pongo dos ejemplos que se han dado sobre un mismo fenómeno: la imagen del pequeño Aylan, un niño sirio de tres años, quien pareció ahogado frente a las costas turcas; huyendo dela Guerra civil que asolaba su país u Oscar y Valeria, padre e hija de origen salvadoreño, quienes perecieron en el Río Bravo, en un viaje fallido a los Estados Unidos, en busca de un sueño que nunca llegó.
En ambos, estas tristes imágenes nos reflejan la realidad de muchas familias pobres alrededor del mundo que, huyendo de una realidad poblada de miseria y conflictos, dejan su patria de origen y deciden jugarse su vida y la de su núcleo familiar para buscar un futuro mejor. En ambos, se trató de imágenes que dolían e indignaban, pero que no llevaron a abrir discusiones acerca de las migraciones. Lentamente se fueron difuminando hasta que desaparecieron del ojo público. Sin embargo, el problema sigue ahí.
Costa Rica no es ajena a este situaciones, lo hemos tenido recientemente en el caso de las migraciones cubanas y haitianas, que pasan por nuestro país como ruta de paso y se encuentran atrapadas por los cierres de fronteras y la actual pandemia.
Como dije, las migraciones son solo un ejemplo de las discusiones pendientes ¿Qué queremos como sociedad? ¿Seguiremos en el tiempo de la novedad, pendientes de la última provocación? Creo que muchos de nosotros deseamos que se dé un cambio, pero hay que ser parte de este y ser más críticos. La mejora del debate en el país es un primer paso para una mejor democracia.
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