La imagen de un vicerrector de una universidad pública costarricense luciendo una boina alusiva al Che Guevara, revolucionario comunista y asesino de campesinos, no debería sorprendernos tanto como preocuparnos.
La universidad debe ser un espacio donde se estudie críticamente al Che Guevara, no donde sus autoridades necesiten disfrazarse de él para defender el presupuesto universitario.
Es una expresión simbólica de un fenómeno mucho más profundo: la progresiva transformación de ciertos espacios universitarios, concebidos para producir conocimiento, estimular el pensamiento crítico y buscar la verdad, en plataformas de adoctrinamiento ideológico y reproducción del poder político.
El filósofo británico Roger Scruton advirtió sobre este peligro en su obra PENSADORES DE LA NUEVA IZQUIERDA (1985), al cuestionar la influencia de determinadas corrientes intelectuales que subordinan el análisis racional a proyectos de transformación política.
La universidad deja de cumplir su misión cuando sustituye la investigación por la militancia, el debate por la consigna y la formación de ciudadanos libres por la fabricación de seguidores ideológicos.
Resulta particularmente grotesco que una autoridad académica, financiada con recursos de los contribuyentes, exhiba la simbología de un revolucionario asociado a un régimen que persiguió la disidencia y negó libertades fundamentales.
Tiene pleno derecho a sus simpatías políticas, pero también la responsabilidad de comprender lo que representa institucionalmente.
La autonomía universitaria existe para proteger la libertad de pensamiento, no para convertir las universidades públicas en trincheras ideológicas. Costa Rica necesita universidades que formen personas capaces de cuestionar cualquier dogma, no autoridades que parezcan empeñadas en reivindicar los del siglo pasado.
Considero que no es apropiado, especialmente tratándose de una autoridad de una universidad pública que participa en una manifestación para exigir mayores recursos del presupuesto nacional. Y mi objeción no es simplemente ideológica. Es institucional, política y ética.
Hay una diferencia fundamental entre el derecho de una persona a expresar sus convicciones políticas y la responsabilidad que adquiere cuando representa a una institución financiada por todos los contribuyentes.
Se identifican al menos cuatro problemas particularmente graves:
- Confunde una reivindicación presupuestaria con una causa ideológica. La defensa del financiamiento universitario debería convocar a ciudadanos de todas las corrientes políticas. Exhibir símbolos asociados al comunismo revolucionario introduce una identificación partidaria o ideológica que no representa necesariamente a la comunidad universitaria.
- Debilita la legitimidad de la demanda. Cuando una autoridad universitaria reclama mayores recursos públicos mientras exhibe símbolos revolucionarios, facilita que sus adversarios interpreten la manifestación como una confrontación ideológica contra el Gobierno, en lugar de una discusión sobre las necesidades financieras de la educación superior.
- Compromete la imagen de pluralismo institucional. La universidad pública pertenece intelectualmente a todos, no a una corriente política. Sus autoridades deberían ser especialmente cuidadosas de no proyectar la impresión de que determinadas ideologías disfrutan de una posición privilegiada dentro de la institución.
- Revela una contradicción simbólica. La figura del Che Guevara está vinculada a una revolución que desembocó en un régimen de partido único, incompatible con el pluralismo político que debe caracterizar a una universidad democrática. Su reivindicación simbólica por parte de una autoridad académica merece, cuando menos, un cuestionamiento serio.
Hay una distinción importante
La autonomía universitaria protege la libertad de pensamiento y expresión de sus autoridades, profesores y estudiantes, pero sí considero que esa elección simbólica alusiva al Che es políticamente desacertada e institucionalmente cuestionable.
Quien reclama recursos provenientes de toda la sociedad debería procurar que su reivindicación represente el interés público, no que parezca identificarse con una determinada causa revolucionaria.
Y agregaría una reflexión:
La universidad pública tiene todo el derecho de exigir recursos, pero también la obligación de rendir cuentas, demostrar resultados y justificar sus prioridades. Cuando sus autoridades convierten una discusión presupuestaria en una exhibición de símbolos ideológicos, corren el riesgo de sustituir los argumentos académicos y financieros por una confrontación política.
La universidad debe ser un espacio donde se estudie críticamente al Che Guevara, no donde sus autoridades necesiten disfrazarse de él para defender el presupuesto universitario.