ANTECEDENTES
Edén Atanacio Pastora Gómez (1937–2020), mejor conocido como Comandante Cero, fue una de las figuras más enigmáticas y trascendentes de la historia política reciente de Nicaragua. Su trayectoria: de héroe revolucionario a contrarrevolucionario, y finalmente reconciliado con el sandinismo, refleja las múltiples tensiones ideológicas que atravesaron Centroamérica durante el último cuarto del siglo XX.
Además, su relación con Costa Rica, tanto por su actividad guerrillera desde su territorio como por su papel posterior en controversias fronterizas, lo transforma en un personaje clave para comprender la interrelación entre ambos países en las décadas de los 80 y 90.
MOMENTOS CLAVES EN LA VIDA DE EDÉN PASTORA (Comandante Cero):
- 1937: Nace en Ciudad Darío, Nicaragua.
- Agosto 1978: Lidera la toma del Palacio Nacional en Managua (Operación Chanchera).
- 1979: Caída de Somoza; se convierte en héroe de la Revolución Sandinista.
- 1982: Rompe con el sandinismo, denuncia a Ortega y funda ARDE desde Costa Rica.
- 30 de mayo de 1984: Atentado de La Penca, sobrevive a la explosión que mata a periodistas y guerrilleros.
- Finales de los 80: Se retira temporalmente de la lucha armada y vive en Costa Rica.
- 2008: Reconciliación con Ortega; ocupa cargos vinculados al dragado del río San Juan.
- 2010-2015: Participa en el conflicto fronterizo por Isla Portillos, con tensiones directas contra Costa Rica.}
- 16 de junio de 2020: Fallece en Managua, a los 83 años, en medio de la pandemia de COVID-19.
EL SÍMBOLO REVOLUCIONARIO Y SU DESILUCION
En agosto de 1978, Pastora alcanzó fama internacional al liderar la tremenda Operación Chanchera, la toma del Palacio Nacional de Managua, acción que marcó un punto de quiebre en la caída del régimen somocista. Sobre esa incursión, la prensa estadounidense lo describió como “el hombre mejor conocido en Nicaragua después de Somoza (…) el comandante militar indiscutido de los Sandinistas (…) carismático, el más cercano en carisma a Fidel Castro” (The Washington Post, 19 de octubre de 1978).
Su figura fue exaltada como símbolo de audacia y romanticismo revolucionario. Sin embargo, pocos años después se distanciaría del Frente Sandinista al denunciar la concentración del poder en un pequeño grupo de comandantes y la deriva autoritaria del gobierno de Daniel Ortega y sus compañeros.
RUPTURA Y REBELIÓN: EL VIRAJE CONTRA REVOLUCIOBARIO.
En 1982, Pastora se declaró abiertamente disidente del sandinismo, denunciando la influencia marxista rígida y señalando a sus antiguos compañeros como “traidores y asesinos” que se enriquecían mientras el pueblo sufría. “Los arrastraré con balas”, prometió en un célebre pronunciamiento (The Washington Post, 16 de abril de 1982).
Desde Costa Rica fundó la organización ARDE y asumió un papel protagónico en la contrarrevolución, recibiendo respaldo financiero y logístico de Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría.
Costa Rica, país sin ejército desde 1948, se encontró atrapado en medio de esa disputa, con operaciones militares desde su territorio que ponían en entredicho su política de neutralidad. La tensión diplomática fue constante, y los gobiernos costarricenses de la época se vieron obligados a multiplicar esfuerzos en foros internacionales para dejar clara su posición pacifista.
El atentado de La Penca: punto de inflexión dramático
El 30 de mayo de 1984, durante una conferencia de prensa en La Penca, en la frontera norte de Costa Rica, una bomba estalló en el lugar. Pastora sobrevivió, pero murieron varios periodistas y guerrilleros, y decenas resultaron heridos. Este atentado subrayó la crudeza de la guerra y la vulnerabilidad de la prensa, dejando una cicatriz profunda en la memoria centroamericana.
ANTE EL LENTE DE LA PRENSA INTERNACIONAL
El recuerdo de Pastora trascendió más allá del continente. Décadas después, el Daily Telegraph de Londres lo describiría como “el más atrevido y carismático de los líderes guerrilleros antitumoristas; el ‘Comandante Cero’, audaz y seductor, que con apenas 25 hombres asaltó el Congreso… convirtiéndose en una de las figuras más conocidas del mundo guerrillero latinoamericano” (The Telegraph, 20 de agosto de 2020). Esta visión resume la manera en que fue percibido en Europa: un personaje casi legendario, oscilante entre héroe popular y caudillo problemático.
RECONCILIACIÓN CON EL RÉGIMEN SANDINISTA Y DISPUTA CON COSTA RICA
En la década de 2000, Pastora regresó a Nicaragua y se reconcilió con Daniel Ortega, asumiendo cargos oficiales vinculados al dragado del río San Juan. Fue entonces cuando protagonizó un nuevo roce con Costa Rica al bautizar una draga con el nombre de “Doña Laura”, en burla a la expresidenta Laura Chinchilla Miranda.
El incidente derivó en un conflicto mayor: la ocupación nicaragüense de Isla Portillos (isla Calero), territorio costarricense, lo que llevó a un litigio internacional en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Los fallos, en todos sus extremos, favorecieron la posición costarricense, reafirmando su soberanía y marcando un hito en la diplomacia regional.
LEGADO: LUCES Y SOMBRAS
Pastora falleció el 16 de junio de 2020, a los 83 años, en medio de la pandemia de COVID-19. Su muerte cerró un ciclo marcado por contradicciones y paradojas: guerrillero contra Somoza, comandante sandinista, contrarrevolucionario apoyado por Washington, enemigo y luego aliado de Ortega, protagonista de tensiones diplomáticas con Costa Rica y finalmente funcionario del sandinismo en el poder.
El Comandante Cero deja un legado lleno de luces y sombras. Su vida es testimonio de la complejidad centroamericana: un territorio donde las fronteras, las ideologías y las pasiones políticas se entrelazan con la historia de dos pueblos hermanos, Costa Rica y Nicaragua.
Recordar a Pastora no implica exaltarlo ni condenarlo sin matices, sino comprender cómo un solo hombre pudo incidir, durante más de cuatro décadas, en la política regional y en los vínculos de vecindad, conflicto y negociación entre ambos países.