Lo primero que habría que destacar sobre doña Pilar Cisneros sería abordar la realidad de su conocimiento y alta valoración del tico, del costarricense. Ella como que comprende muy bien, logra captar, la esencia de eso que se conoce como “el ser costarricense”. Del ecúmene de la etnografía. Lo que el filósofo español Constantino Láscaris denominó el ser enmontañao.
De hecho, ella es una cientista social destacada, sobresaliente.
Lo segundo, sería su enunciado mayor cuando asevera: yo tengo principios y tengo valores —y no son negociables ni ahora ni nunca. La relevancia de esta “utterance” es tal. ¿Por qué? Porque nos está remitiendo a una moralidad. A la moral (y lo moral es lo eficaz en toda democracia). Lo que tiene que ver con el cómo nos comportamos, la conducta. (El inmoral es el que no sabe como comportarse, su conducta no funciona, o, el amoral que no tiene ni principios ni valores —barbárico). Al civitas y urbanitas.
Lo de los principios y los valores quizá sea el contenido más urgente en nuestro entorno, aquí y ahora. Frente a lo que algunos cientistas sociales hispanoamericanos han denominado “el buenismo”, la batalla cultural, el fallo en la hermenéutica de los derechos humanos, entre otros parecidos al asecho y/o relacionados.
Un ejemplo a este respecto podría ser el tema de la “tolerancia”. Con el concepto se nos ha llevado a pretender que debemos de tolerarlo casi todo. Claramente por ahí es el camino equivocado.
Thomas Mann el premio Nobel de literatura en uno de sus aforismos lo señala. O, la numeróloga mexicana Sandra Castañeda quien asevera: lo que se tolera, se repite. Es decir: los límites existen, están ahí como herramientas, son reales, y hay que usarlos.
Y el exceso de tanto y tanto y tanto derecho. Nunca se habla de los deberes. Yo creo que es hora de decirnos unos a otros que los ciudadanos tenemos deberes. La democracia no consiste en que haya cada vez más derechos. Los ciudadanos las personas tenemos derechos y deberes. Son cara y cruz de la misma moneda. Monseñor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, España. Habría que empezar a hablar mucho más de los deberes humanos.
Sobre los deberes cuando el periodista Freddy Serrano le pregunta a doña Pilar por el aumento en los homicidios. Ella responde contundente con datos: la situación empezó con la entrada de Caro Quintero al país. La cantidad de políticos desde entonces señalados y nombrados en situaciones delictivas al respecto.
Un ejemplo contundente al respecto es el de los “scaneres”. El caso “diamante” con 6 alcaldes implicados entonces la urdimbre se cae en nuestras narices, argumenta la diputada Cisneros.
Valió la pena pelearse con raimundo y medio mundo, le pregunta Serrano a doña Pilar. Y su respuesta es: absolutamente. ¿Qué paso con Caja-Fischel, con Alcatel, la Trocha?
A doña Pilar que en el parlamento se la haya denigrado y vituperado estos cuatro años no le incomoda tanto asegura. Es el primer gobierno en que los pobres no salen a la calle. Los que salen a la calle son los ricos. Los ricos que se han beneficiado con los grandes negocios de este país. En detrimento del pueblo. Ahora bien, ¿hay un precio que pagar? Sí. ¿He estado dispuesta a pagar ese precio? Sí. Dos ejemplos: Cinde y la fundación Omar Dengo. Millones de millones se fueron ahí. Una estafa.
Y así se robaron el país entero.
Nos dice doña Pilar que ha ganado la lucha por este país; hay que tener retos en la vida, y hay que tener un propósito en la vida también.
He ganado que he podido demostrar que Costa Rica merece mucho más. Y que la política se puede hacer sin mentir, sin robar.
La prensa canalla ha sido un escollo a superar por su falta de “fairness” la doble cara de la moneda. Equidad. Oportunidad. Informar con balance. Y lo de las frecuencias del espectro radioeléctrico que pagan 10 mil colones por mes.
También al igual que doña Pilar tengo un alto concepto del tico. Lo que no quiere decir que no haya una parte oscura.
Ya nos lo había advertido con soberana claridad doña Yolanda. Oreamuno escribió. En la página 11 del libro que tengo en mis manos —en el mes del libro—: “Al que pretende levantar la cabeza sobre el nivel general, no se le corta. ¡No! … Le bajan suavemente el suelo que pisa, y despacio, sin violencia, se le coloca a la altura conveniente”. Nos describió la mayor cuando nos refirió como a los máximos movedores del piso, hace 100 años.
Pero, aun así. La oscuridad se alumbra, se aclara: ¿cómo?
La conciencia, es nuestra conexión con lo divino. Cuando buscamos la luz. De la verdad (requerimos una sociedad que esté dispuesta a financiarla, Cayetana Álvarez de Toledo). Que nos conecta con los principios y los valores, esos que no se negocian. Jamás.
En conclusión, el escritor español Gonzalo Rodríguez García nos interpela a la reflexión primordial del quién soy, ¿qué hago aquí, a qué he venido a este mundo? Y en la misma línea nos educa en que no hay vida sin misión, no hay vida sin tarea, encomienda y cruzada.
Definitivo: una vida sin misión es una vida desperdiciada. Al tenor de la pregunta del titular.