En la historia costarricense abundan los personajes que el tiempo ha convertido en leyenda. Uno de los más fascinantes es, sin duda, don Pedro Nolasco Gutiérrez Gutiérrez (1855–1918), aquel sabio singular que combinó ciencia, intuición y creencia popular en una época en que las fronteras entre astronomía y misticismo eran difusas. Fue llamado “El Brujo del Observatorio” por unos, y “el geómetra de los temblores” por otros, pero todos coincidían en su don para anticipar los grandes fenómenos naturales del país.
El geómetra que miraba al cielo
Nacido en Puntarenas, don Pedro Nolasco fue un hombre de ciencia autodidacta. En 1893 obtuvo el título de agrimensor y geómetra, y trabajó para el Instituto Físico-Geográfico Nacional, donde participó en labores cartográficas y meteorológicas. Sin formación académica universitaria formal, su curiosidad lo llevó a dominar nociones de astronomía, meteorología y geología, campos que fusionó bajo un enfoque que él mismo denominaba “astrometeorología”.
Publicó el Almanaque Católico Costarricense Arreglado al Meridiano de San José, una curiosa mezcla de santoral, datos astronómicos, consejos agrícolas y pronósticos climáticos. Era, en esencia, una enciclopedia popular de predicciones. En las pulperías y escuelas se leía con devoción, y sus vaticinios sobre lluvias, huracanes y temblores eran esperados con tanto fervor como los sermones dominicales.
El profeta de los temblores
A inicios del siglo XX, el país vivía en una euforia modernizadora, pero la ciencia meteorológica aún se abría paso entre supersticiones. En ese contexto, Nolasco emergió como una figura intermedia: un hombre que hablaba el lenguaje del pueblo, pero con la precisión de un observador empírico. Medía la posición de los astros, anotaba variaciones barométricas y registraba fenómenos atmosféricos. Sus métodos, aunque cuestionados por la comunidad científica formal como lo hizo Henri Pittier, eran sistemáticos y minuciosos.
Cuando se acercaba el cometa Halley en 1910, Nolasco advirtió públicamente que su influencia gravitacional podía alterar la estabilidad terrestre. La prensa de la época lo tildó de alarmista, pero la historia le jugó una ironía: pocos días después del paso del cometa, el 4 de mayo de 1910, un devastador terremoto redujo a ruinas la ciudad de Cartago.
Los sobrevivientes, entre el polvo y los escombros, recordaron las palabras de don Pedro. Algunos lo buscaron con reverencia; otros con miedo. Su fama se convirtió en mito, y el sabio astrónomo, hasta entonces motivo de burlas, fue elevado a la categoría de profeta. “El Brujo del Observatorio”, decía La Información de ese año, “ha visto venir la desgracia con la mirada puesta en los cielos”.
Más allá de la superstición
No fue solo el terremoto. En varias ocasiones, Nolasco predijo con asombrosa precisión la llegada de temporales, erupciones volcánicas y sequías. Su sistema de observación combinaba datos empíricos con correlaciones astrológicas que, según él, influían en el comportamiento del clima y la sismicidad. Hoy, con toda la ciencia moderna a nuestro alcance, sus teorías pueden parecer ingenuas; pero su esfuerzo por sistematizar los fenómenos naturales marcó un hito en la divulgación científica de Costa Rica.
Los estudios recientes del Archivo Nacional y la Universidad de Costa Rica confirman que Nolasco elaboró sismogramas y registros detallados de la secuencia sísmica de 1910, aportando datos valiosos para la historia de la sismología nacional. Fue, por tanto, más que un profeta: un pionero que intentó comprender la tierra con los instrumentos del cielo.
El legado del “loco sabio”
Don Pedro Nolasco murió en 1918, en silencio y sin honores oficiales. Pero su nombre persiste entre los pliegues de la memoria popular, en esa frontera donde la razón y la fe se dan la mano. Su figura encarna la Costa Rica de la transición: un país que miraba al futuro con el alma aún anclada en el misterio.
Hoy, al revisar sus almanaques amarillentos, no se puede evitar admirar su empeño por entender el mundo desde la observación y la intuición. Fue un hombre adelantado a su tiempo, un científico popular que se atrevió a predecir lo impredecible. Y aunque su método haya sido desacreditado, sus aciertos como el del cometa Halley y el terremoto de Cartago, lo consagraron como una de las mentes más singulares del país.
Quizás por eso, entre las ruinas y las crónicas de 1910, todavía resuena su voz: “Las estrellas hablan decía, pero hay que saber escucharlas.
Referencias
- Gutiérrez Gutiérrez, P. N. (1893). Almanaque católico costarricense arreglado al meridiano de San José. San José: Tipografía Nacional.
- Kerwa, Universidad de Costa Rica. (2019). El geómetra Pedro Nolasco Gutiérrez Gutiérrez y la secuencia sísmica de 1910. Recuperado de https://www.kerwa.ucr.ac.cr
- Mi Costa Rica de Antaño. (2019). El paso del cometa Halley y el terremoto de Cartago de 1910. Recuperado de https://micostaricadeantano.com
- (s.f.). Diccionario biográfico: Pedro Nolasco Gutiérrez Gutiérrez. Sistema Nacional de Bibliotecas. Recuperado de https://www.sinabi.go.cr