Lic. Heinier Gibson Díaz Cabezas*
A propósito del recurso de amparo que se han presentado y del cual se jactan haber recolectado 7 mil firmas (solo una era necesaria), para anular el decreto presidencial que buscaba regular la Fecundación In Vitro (FIV), me he puesto a analizar que realmente motiva a esta gente, que se autodenomina defensora de la vida y los derechos humanos.
Parto del hecho de que una pareja o una persona que recurra a la fecundación in vitro, origina su concepción en el corazón (anhelo) y de ahí vierte su vida y recursos para cristalizar la realidad de colaborar con el milagro de la vida, no así la concepción “normal” en la cual muchísimas veces no se planea y en algunos casos ni se desea, razón por la cual hoy conocemos orfelinatos o niños de la calle.
Por ello me cuesta comprender las acciones que clérigos y grupos hacen para evitar tales procedimientos, en lugar de propiciar espacios para fortalecer proyectos e enriquecer este tipo de operaciones científicas.
Es más, me he llegado a preguntar si realmente aman la vida y la procuran.
Y fue hasta hace unos días, estando en una clase de derecho que recordé como hace más de 14 años me enfrenté a una norma que me dejó perplejo: los homicidios especialmente atenuados (artículo 113, inciso 3 del Código Penal Costarricense).
Resulta que si un padre y una madre asesina a un hijo, la ley costarricense le da la pena más alta, más fuerte por tan atroz hecho, sin embargo, la mujer que tiene “buena fama” puede matar a su hijo si tal asesinato lo lleva a cabo en los 3 primeros días después del parto, tan solo para ocultar su “deshora”.
Las normas jurídicas reflejan la dinámica, la manera de pensar de un pueblo. Cuando esta norma se dio éramos sumamente católicos, ¿Qué pasó ayer y que pasa hoy que esto sigue así? Lo digo porque esta sí que es una verdadera norma de muerte.
¿Cuántas marchas han organizado contra esta cruel práctica que por cierto fue tipificada en Puntarenas hace unos años? ¿Cuántos recursos de amparos han presentado? ¿Cuántas firmas han recolectado?
Creo que ninguna, que nada, pues aún sigue vigente y creo esta norma descubre esa doble moral de quienes dicen estar de parte de Dios, del bien y la vida.
Hoy más que nunca es impostergable abrir los ojos y aceptar que en materia de derechos humanos clérigos y grupos que basan sus postulados sobre libros sagrados, no pueden tener injerencia; esto debe corresponderle a la ciencia que luego guiará a los juristas.
Hoy más que nunca debemos aceptar que los grupos religiosos viven de una práctica interpretativa, que la historia se ha encargado de hacer que muchas veces tergiversaron, fueron erráticos y se dieron consecuencias dolorosas y de lesa humanidad.
Pero si se sigue con argumentos teológicos queda claro que Dios es vida y por ende todo esfuerzo por estimular la vida tiene como fin colaborar con Dios en la construcción de su Reino y plan para todo ser viviente.
Así de fácil: quien lucha contra FIV, estará de parte de cualquier cosa, menos de Dios.
* Líder de ANEP y religioso
—-
Los artículos de opinión no reflejan la posición editorial del diario digital El Mundo. Los artículos de opinión deben ser enviados al correo: redaccion@elmundo.cr, con nombre completo y número de cédula.