El día de ayer se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). En ellos se reveló un dato esperanzador: la pobreza a nivel nacional se estimó en 15,2%, lo que representa una reducción de 2,8 puntos porcentuales respecto al año anterior cayendo al nivel más bajo en los últimos 15 años. Además, la pobreza extrema alcanzó el 3,8% con una disminución de 1 punto porcentual.
Durante el mandato del presidente Rodrigo Chaves, se le ha acusado de fomentar discursos de odio y de utilizar sus conferencias de prensa para narrar un país que no existe. No obstante, en política, una mentira no puede sostenerse por más de tres años. Entre 2022 y 2025, aproximadamente 414.509 personas salieron de la pobreza, como consecuencia del crecimiento económico, del incremento en los ingresos familiares y, en buena medida, del impacto positivo en la reducción del “impuesto más gravoso” para los hogares en condición de pobreza: la inflación.
Muchos políticos y analistas han aprovechado la coyuntura para criticar la labor de la administración actual. Entre ellos, varios expresidentes que, durante sus mandatos, entre ofrecer pan y circo, terminaron quedándose con el circo y sirviéndose el pan ellos mismos.
El apoyo que sostiene el mandatario no se logra con discursos; se logra con resultados, con políticas cuyos efectos los costarricenses puedan ver y sentir en su vida cotidiana. Al final de cuentas, ningún eslogan político puede competir con la realidad de un hogar que logra salir de la pobreza.
La reducción de la pobreza no surge de casualidad. Responde a decisiones claras: control de gasto, disciplina fiscal y objetivos claros. Dicha reducción no se consigue con retórica, sino con políticas que traduzcan el crecimiento económico en bienestar para las familias. Más allá de simpatías o ideologías, lo cierto es que los números del INEC reflejan un avance social tangible.
En última instancia, el juicio político más honesto no proviene de los partidos políticos ni de políticos desacertados, sino de las familias que hoy pueden comer mejor, pagar sus deudas y planificar su futuro. Allí estriba el verdadero impacto de una administración.