
En unas desafortunadas declaraciones en la sentencia No.6058-2015 de la Sala Constitucional el magistrado don Fernando Castillo Víquez argumentó que:
“es importante resaltar que la vagina fue diseñada de forma tal que el pene la penetre perfectamente. Tal posibilidad resulta material imposible en un acto sexual homosexual. “
Ciertamente existen múltiples cuestionamientos que pueden surgir de estas palabras, y en particular quiero prestar atención al hecho de que el magistrado asume con esta frase la existencia de un diseño respecto a la biología humana, y sin quererlo (o adrede), asume una posición dentro de un debate científico de larga trayectoria sobre el diseño inteligente y el origen de la vida.
Más allá del debate religioso sobre la existencia o no de un creador (creencias que atañen a la libertad individual de cada persona), existe en el ámbito científico una disputa sobre las teorías de formación de sistemas complejos como es el caso de la vida.
Algunos bioquímicos defienden la idea de que la complejidad desarrollada por los sistemas biológicos necesita de un diseño inteligente. La lógica es a grandes rasgos la siguiente: Si un sistema complejo contiene elementos muy específicos en cuya ausencia el sistema deja de funcionar, estos elementos no pudieron ser generados al azar, y por lo tanto esto constituye una prueba de que existe un diseño detrás.
A los humanos nos cuesta pensar que la complejidad de nuestros cuerpos es producto solo del azar y de la presión de selección que ha ejercido nuestro entorno durante millones de años. Al magistrado por ejemplo le sorprende la complementariedad en las formas de los aparatos reproductores femeninos y masculinos. Surge entonces la hipótesis de que de alguna manera existe un diseño inteligente que explica este nivel de organización de la materia.
Los científicos que defienden estas teorías consideran como base que es altamente improbable que la materia se organice sistemas tan complejos a través de interacciones meramente azarosas. La segunda ley de la termodinámica establece por ejemplo que los sistemas tienden al desorden (aumentan la entropía), sin embargo, el cuerpo humano (y demás seres biológicos) son sistemas altamente organizados y por lo tanto parecen desafiar las leyes de la física, esto sería un punto a favor del diseño inteligente.
En contraposición, en 2009, Jeremy England propuso la idea de que la vida existe más bien puesto que la segunda ley de la termodinámica impulsa a la materia para adquirir propiedades físicas parecidas a la vida. Mediante simulaciones ha logrado demostrar que un sistema de moléculas de carbono sometidas a un flujo de radiación como la luz solar tiende a organizarse en sistemas más complejos producto de las leyes termodinámicas.
Otros argumentos del diseño inteligente aducen que la posición favorable de nuestro planeta dentro del Sistema Solar no es producto de la casualidad, pero el hecho que nuestro planeta se encuentre en una región con condiciones muy específicas para el desarrollo de sistemas bilógicos complejos no es una prueba irrefutable del diseño inteligente, sino que más bien, debido a la improbabilidad de encontrar sistemas similares, constituye una explicación del porqué hasta la fecha no se han encontrado otros planetas con vida.
En general, es ampliamente aceptado por la comunidad científica en la actualidad que no es posible establecer una relación entre la improbabilidad de un suceso y la existencia de un diseño inteligente.
En su desafortunada frase el magistrado asume además que las partes del cuerpo tienen un fin bilógicamente determinado e ignora que el uso de nuestro cuerpo va mucho más allá, por ejemplo, podemos usar nuestros dedos para tocar un piano o usar nuestros pies para jugar futbol, sin embargo, no podemos decir que el fin biológico de nuestros pies o manos son la música o el deporte. De igual forma el uso de nuestro sistema reproductor va más allá de los fines meramente reproductivos.
En conclusión, no existen actualmente fundamentos científicos sólidos para creer en un diseño inteligente del cuerpo humano y por lo tanto este argumento no puede ser usado como válido para justificar diferencias naturales entre las relaciones heterosexuales respecto a las homosexuales.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.