El dilema del matrimonio igualatorio

En los últimos tiempos el tema del matrimonio igualatorio; o sea, el matrimonio entre personas del mismo sexo ha tomado mucha fuerza en distintas partes del mundo. Definitivamente, al ser un tema controversial, éste genera mucha polémica y negocio, pero al mismo tiempo crea grandes grietas en las sociedades.

Por un lado están los que defienden a “capa y espada” el concepto de familia formado por un hombre y una mujer – la pareja heterosexual (PH) – y en la acera del frente están aquellos y aquellas que promueven este beneficio para las parejas no heterosexuales (PnH).  A estos dos grandes grupos podemos agregar los que de una u otra forma se ven afectados por esta situación (familiares y amigos entre otros) y los que, aunque no les interese el tema se ven seducidos por uno u otro “bando” u otro y defienden un punto sin poner mucha atención a la magnitud del asunto. Claro, no se nos debe olvidar aquellos que se están llenando sus bolsillos con esta controversia.

Es muy cierto que la esencia de la familia está basada en la fecundación y para eso se requiere un espermatozoide y un óvulo que provienen del hombre y de la mujer, pero también es cierto que en muchos casos el ser nacido de esta relación puede decidir hacer una vida con una pareja heterosexual, con nadie o con una de su mismo sexo (PnH) y; por consiguiente, en algún momento pedir ciertos derechos. De hecho, muchos sostienen que si los miembros de una Pareja no Heterosexual tienen deberes – como pagar impuestos – porqué no deben de tener derechos.

Uno de los inconvenientes más grandes de esta situación es que no se ha tratado como realmente es, está es una situación de derechos humanos, pero se está tratando de una forma equivocada. Estamos hablando de seres humanos lidiando con un tema complicado de una forma irracional. Simplemente, no se puede comparar una (PH) con una (PnH) ya que son cosas muy distintas; por tal motivo, se deben hacer análisis separados.

Quizás con algo tan simple como dejar el término “matrimonio” para las Parejas Heterosexuales ampliaría más la apertura de aquellos que se oponen a este tipo de relación. Sería interesante realizar este experimento y observar el nivel de aceptación y ver si al darle un nombre distinto a este tipo de  uniones cambia el semblante de esta controversia. Pero una vez más, una discusión donde no hay controversia no genera dividendos.

Sin lugar a dudas, el “ruido” que genera con situación, no le permite a ambos “bandos” sentarse y conversar sobre este tema. Y quizás aún si tal conversación existiera, algunos quizás nunca aceptarían el tema, pero al menos se intentó. Otros, quizás terminen comprendiendo esta situación mientras que nunca le van a poner atención al tema. Es aquí donde sería bueno empezar a respetar a los que quieren promover este tipo de relaciones (PnH) tanto como a los que se oponen fuertemente a este tema. ¡Respeto es la clave! Al final del día, existe la posibilidad que aquellos y aquellas que aún se resisten a este tema, pudieran entender que las parejas no-heterosexuales van a seguir teniendo relaciones con o sin aceptación de la ley. Y aquellas personas que ven las relaciones entre una pareja NO heterosexual como pecado, probablemente lo seguirán viendo de esa forma.

Llegó el momento de dejar a cada uno con esas creencias y respetarlas, de todas formas, las prácticas NO heterosexuales difícilmente vayan a variar por las creencias de unos u otros. Ahora, el dilema se complica cuando la falta de respeto cruza de un bando al otro o cuando se meten temas religiosos, místicos o de cualquier otra índole para defender un punto u otro. El uso de este tipo de argumentos tiende a crear turbulencia y erradicar la objetividad de este tema. Al final de cuentas, hay muchas probabilidades que en cada familia haya al menos una persona escondida en el “armario” esperando que este asunto deje de ser controversia y haya “aceptación”.

A las parejas no-heterosexuales o grupos que defienden estas prácticas les recuerdo que el matrimonio no es algo fácil y quizás se estén dando “un tiro en el pie” con esta petición. El matrimonio requiere mucho esfuerzo, es un día a día, un amanecer tras un anochecer, un entendimiento con otro ser aún cuando siendo realistas no nos entendemos ni a nosotros mismos.

A las parejas heterosexuales o sus defensores les recuerdo que casi nada cambia y el hecho que se oficialice esta práctica no quiere decir que se erradique la otra. Indiferentemente de si hay “matrimonio” igualatorio o no, las parejas no-heterosexuales van a seguir juntas y van a seguir cometiendo adulterio y actos inmorales al igual que los heterosexuales lo hacen.

Ahora, lo que si es importante señalar es que al abrir una puerta se abren muchos otros pasajes. Mañana se van a estar analizando las adopciones por parte de parejas no-heterosexuales, el día siguiente alguien va a pedir igualdad para la parejas polígamas, dos días más tarde los zoófilos (personas que tienen sexo con animales) van a pedir igualdad, seguidamente serán los necrófilos (personas que tienen sexo con muertos), luego serán los tecnófilos (personas que tienen sexo con robots) y así sucesivamente se extenderá esta situación. Al final de cuentas, el ser humano aún en su divina perfección es un ser insatisfecho.

Finalmente si usted defiende las (PH) o las (PnH) usted debe entender que usted y los demás defensores de estas prácticas provienen de un hombre y de una mujer y si usted está en contra o a favor de esto y quiere manifestarse, hágalo libremente, pero con respeto. De todas formas nada va a cambiar que la próxima Pareja Heterosexual o No-Heterosexual, el próximo político corrupto, periodista amarillista, asesino en serie, Santo o mendigo van a venir de un hombre y de una mujer.

¡Respeto ante todo!

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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