Diez enseñanzas y una más del proceso electoral

Quien escribe estas líneas es un ciudadano autodefinido como liberal clásico que nunca se ha visto representado en el Poder Ejecutivo y, en el Legislativo, solamente desde el tiempo de las bancadas del extinto Movimiento Libertario.

A más no haber, me ha tocado alinearme con agrupaciones que, indistintamente de su ubicación ideológica (centro derecha o centro izquierda), puedan en alguna medida, representar al menos de manera parcial, los intereses de la libertad. Mis intereses. Ciertamente la libertad no entiende de derechas ni izquierdas, se es libre y punto.

Ello sin duda, me lleva a ubicarme en lo que,  en términos simplistas podría llamarse oposición.

Al fin y al cabo, siempre he estado en ese bando llamado oposición. Me resulta conocido, cómodo y hasta placentero estar en ese rico espacio, quizá desconocido para algunos, pero que para otros como yo, es el único lugar conocido.

Mal opositor sería si no hiciese un inventario inicial de reflexiones que sirviesen como punto de partida para definir el contexto al que nos enfrentamos y que deben servir para un futuro… no muy cercano quizá.

Planteo algunas sencillas reflexiones. Unas diez, o quizá una más.

  1. Costa Rica es algo más que una burbujita urbana escolarizada del valle central. Y la fuente de la hispanidad no es el ‘’centro del mundo’’ de las causas  pro-país. Ya las dos elecciones anteriores nos lo avisaban y no hubo aprendizaje.
  2. Los debates de candidatos, además de entretener, no sirven para absolutamente nada más. Reflejan sólo los que cada quien desea ver Históricamente los resultados han favorecido a los peores debatientes e incluso a quienes no debaten del todo (Arias, Chaves, Pacheco, las dos Lauras).
  3. La democracia es un intangible que se da por sentado, con el cual no se come, ni se paga un alquiler. Nuestro votante promedio priorizará un minúsculo rebajo en el litro de gasolina y en canasta básica por encima de la institucionalidad, la educación y la salud pública.
  4. Más abstencionismo o menos abstencionismo no son tan determinantes en un resultado electoral.
  5. No existe ya cabida para los discursos blandos de unión, amor, respeto, tolerancia, democracia, institucionalidad, bla bla… la polarización llegó a Costa Rica para quedarse.
  6. Los planes de gobierno son un mero requisito normativo electoral, nadie los leerá ni mucho menos los estudiará. No somos tan distintos del resto de Centroamérica como creíamos.
  7. El ”pura vida” es hoy más que nunca, un mito igual que el de ”la suiza centroamericana”.
  8. Chaves y el movimiento chavista se parece mucho más al tico promedio de lo que pensamos o queremos pensar.
  9. Es cierto que los costarricenses despertamos. Despertamos de un sueño, para darnos cuenta que somos ciudadanos de un país que añoramos y ya no existe (¿alguna vez existió?)
  10. Hay dos términos con los que, precavidamente, conviene familiarizarse para los siguientes 12 años: Asilo y migración.

Es todo…

Una más: Ya es tarde e inevitable. El chavismo seguirá, al menos, hasta el 2038. Si desea invertir tiempo y energías soñando con cambios en 2030-2034, hágalo, pero no pasará nada. Perder un país es fácil, recuperarlo no.

Sonrío de forma burlesca y pienso ¿Puede haber algo más irónico o extraño que un libertario poniendo sus esperanzas en algunos pocos diputados de partidos de izquierda, progresistas, y socialdemócratas?

Aprecio la democracia pero amo la libertad.

Irónica o no, extraña o no, ¡que hermosa es la libertad…!

Como dice aquel loco argentino despeinado: ¡Viva la Libertad Carajo!

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