Costa Rica enfrenta hoy un desafío ineludible: generar empleo, fortalecer el emprendimiento y ofrecer oportunidades reales a miles de personas que quieren salir adelante trabajando o creando su propio negocio. Sin embargo, las decisiones que se están tomando desde el ámbito político parecen ir en una dirección distinta. El proyecto de ley (expediente 25.348), que propone que el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) transfiera 3 millones de dólares al Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) para el desarrollo de un nuevo Sistema de Información Empresarial Costarricense (SIEC), es una muestra clara de esa desconexión.
El INA no es una institución más. Es, o debería ser, el pilar de la formación técnica, la reconversión laboral y el impulso al emprendimiento productivo en el país. En lugar de modernizarlo, fortalecer su infraestructura, actualizar su oferta educativa y alinearla con las necesidades reales del mercado, se plantea utilizar sus recursos para financiar a un ministerio sin cartera, que durante estos cuatro años ha mostrado resultados limitados y poco impacto directo en la generación de empleo.
Se argumenta que el SIEC será una herramienta estratégica para las PYMES y los emprendimientos, así como una fuente de información clave para la formulación de políticas públicas. No obstante, Costa Rica ya cuenta con múltiples registros, plataformas y sistemas que, en la práctica, no han logrado traducirse en más oportunidades laborales ni en mejores condiciones para emprender. Más sistemas no significan automáticamente más desarrollo.
La ciudadanía no está pidiendo más bases de datos ni más diagnósticos. La gente quiere capacitación útil, acceso a empleo, acompañamiento real para emprender y oportunidades concretas para mejorar su calidad de vida. En ese contexto, resulta preocupante que el INA haya retrocedido: programas desactualizados, lentitud para adaptarse a nuevas tecnologías y una desconexión creciente con las demandas del sector productivo.
Si el INA cuenta con superávit, ese dinero debería destinarse a su propia transformación: modernizar talleres, fortalecer la formación digital y técnica, impulsar incubadoras de negocios, apoyar emprendimientos productivos y crear alianzas con empresas que sí generan empleo. Esa inversión tendría un impacto directo, medible y sostenible en la economía nacional.
Lo más frustrante es que no faltan ejemplos exitosos en la región y en el mundo. La Ciudad del Saber de Panamá demuestra cómo una visión clara puede convertir el conocimiento y la innovación en motores de desarrollo. Allí no se apostó únicamente por sistemas informáticos, sino por un ecosistema que integra educación, investigación, empresas y emprendimiento, generando empleo y valor agregado.
Casos como Medellín, que transformó su economía apostando por la educación y la innovación, o Alemania, con su sistema de formación dual que conecta directamente la capacitación técnica con el empleo real, evidencian que invertir en talento humano da resultados. Costa Rica tiene el potencial para seguir ese camino, pero sigue repitiendo fórmulas burocráticas que no atacan el problema de fondo.
Desviar recursos del INA hacia un proyecto informático en el MEIC no resolverá el desempleo ni impulsará el emprendimiento. Si realmente se quiere apoyar a las PYMES y a quienes desean salir adelante trabajando, la prioridad debe ser clara: fortalecer al INA, no debilitarlo. El país necesita decisiones serias, con visión de largo plazo y centradas en las personas, no en más estructuras administrativas.