Una vez más, el profesor Nicolás Boeglin, torciendo el brazo de los hechos se dejó decir con ligereza que Israel había afirmado haber asesinado a 70 mil personas en Gaza. Lo cierto es que la afirmación de que Israel “reconoció” 70.000 muertos en Gaza se ha difundido rápidamente en redes sociales, columnas de opinión y titulares internacionales. En muchos casos, esa frase ha sido acompañada de una segunda afirmación aún más fuerte: que Israel estaría admitiendo haber matado a esas 70.000 personas.
Ambas ideas hay que revisarlas cuidadosamente, porque la precisión en estos casos es esencial frente a las responsabilidades y el derecho internacional. En conflictos armados, la diferencia entre el total de muertos, la atribución causal y la clasificación de las víctimas no es un tema de semántica, es un elemento central.
¿Qué dijeron los voceros de las IDF sobre los 70.000 muertos?
No hubo un comunicado oficial reconociendo que Israel haya matado a 70.000 personas. Lo que se reportó fue que medios israelíes citaron a un alto funcionario militar que, en un briefing, habló de una estimación del total de muertes ocurridas en Gaza durante la guerra, cercana a 70.000. Posteriormente, la propia IDF aclaró que lo publicado no reflejaba datos oficiales.
Acá el elemento controversial se origina en un despacho de la cadena internacional Reuters, que informó que medios israelíes, entre ellos Ynet, habían citado a un alto funcionario militar diciendo que la estimación israelí de muertos en Gaza era “alrededor de 70.000”, sin contar a los desaparecidos.
Ese mismo despacho incluyó dos elementos cruciales que a menudo se omiten en redes sociales:
- El contexto: la declaración habría ocurrido en una sesión informativa (briefing), no en una conferencia de prensa ni en un comunicado institucional.
- La aclaración posterior: al ser consultada por Reuters, la IDF respondió que “los detalles publicados no reflejan datos oficiales” y que cualquier información oficial sería divulgada por canales formales.
En otras palabras, no hay una confirmación institucional de manera formal, no hay tampoco una atribución explícita de causalidad por parte de las IDF y hubo una matización explícita por parte de la propia institución militar.
Esto es importante porque en términos periodísticos y legales, existe una diferencia sustantiva entre, “Israel confirmó oficialmente que mató a 70.000 personas”, y “Medios reportaron que un funcionario militar habló de una estimación total de muertes; la IDF aclara que no es un dato oficial”. Confundir ambas frases distorsiona el hecho y eleva una estimación discutida al rango de admisión jurídica, lo cual no está respaldado por la información disponible.
Se mencionó una cifra similar a la manejada por el Ministerio de Salud de Gaza, porque, por primera vez, medios israelíes reportaron que una estimación militar interna se acerca al orden de magnitud de la cifra del Ministerio de Salud de Gaza, que la ONU ha utilizado como base de trabajo. Eso implica un posible cambio de actitud respecto a la plausibilidad del total, no una validación plena de su metodología ni de su atribución causal.
Sin embargo, se señala que, si bien como ha ocurrido en conflictos previos donde los datos han sido consistentes no se distingue entre civiles y combatientes. El hecho de que medios israelíes hayan reportado una estimación “similar” es relevante por dos razones:
- Se reconoce que el orden de magnitud del total podría ser plausible, al menos como número bruto de muertes registradas durante el periodo del conflicto.
- No implica aceptación de la metodología, ni de la composición del total, ni de la responsabilidad exclusiva de Israel.
Dicho de otro modo: aceptar que “el total podría estar en ese rango” no equivale a aceptar “todas esas muertes fueron causadas por Israel” ni “todas fueron civiles”.
Entonces, ¿qué significa exactamente la expresión “durante la guerra”?
Se trata de un marco temporal, no una atribución causal. Significa “muertes ocurridas en el periodo del conflicto”, no “muertes causadas directamente por una parte específica”.
En el lenguaje militar, diplomático y humanitario, la expresión “muertes durante la guerra” se utiliza para delimitar un intervalo temporal, no para asignar responsabilidades automáticas.
Esto incluye, potencialmente:
- Muertes causadas por bombardeos o combates directos.
- Muertes de combatientes en enfrentamientos.
- Muertes causadas por fuego palestino (por ejemplo, cohetes fallidos).
- Muertes por violencia interna (ejecuciones, ajustes de cuentas).
- Muertes indirectas relacionadas con el colapso de servicios (enfermedades no tratadas, falta de atención médica).
Por esta razón, en análisis serios de conflictos se distingue entre:
- Muertes totales durante el conflicto.
- Muertes directamente atribuibles a una parte.
- Muertes civiles.
- Muertes de combatientes.
El error más común en el debate público es colapsar todas estas categorías en una sola frase.
Quiere decir que la cifra de 70 mil muertos incluye combatientes, según la lógica de cualquier conteo de muertes “totales durante la guerra”. De hecho, en el briefing citado por medios israelíes se mencionó explícitamente que se estaba trabajando en distinguir entre “terroristas” y “no involucrados”, lo que implica que el total no estaba desagregado.
En este sentido, ni el Ministerio de Salud de Gaza ni la cifra mencionada por el funcionario militar israelí (según lo reportado) presentan un desglose público definitivo entre civiles y combatientes.
Esto tiene varias implicaciones:
- Combatientes de Hamás y otros grupos armados muertos en combate forman parte del total.
- Sin un desglose oficial, no es posible afirmar cuántos del total eran civiles.
- La propia mención de que se está “trabajando” en esa distinción indica que no existe aún una cifra consolidada.
En conflictos urbanos densos, esta clasificación es especialmente compleja:
- Combatientes no siempre portan uniforme.
- Infraestructura civil y militar se superponen.
- Registros hospitalarios no clasifican afiliación armada.
Otro debate es si estos fallecidos incluyen personas por muerte natural, en esto hay un debate metodológico abierto. El Ministerio de Salud de Gaza sostiene que sus cifras corresponden a muertes relacionadas con lesiones de guerra. Analistas críticos, como Salo Aizenberg, argumentan que el total podría incluir muertes naturales y otros fallecimientos no directamente causados por Israel. No existe, hasta ahora, una auditoría independiente concluyente que cierre este punto.
Salo Aizenberg y otros analistas argumentan que:
- En un contexto de colapso institucional, el registro de muertes puede mezclar categorías.
- El total podría incluir muertes naturales ocurridas durante el periodo.
- También podría incluir muertes por violencia interna palestina.
Esto deja al debate en un punto clave para el periodismo responsable:
- Es legítimo plantear la duda metodológica.
- No es legítimo afirmar como hecho cerrado que el total incluye muertes naturales, sin una auditoría independiente.
¿Es correcto decir que “Israel reconoció que mató a 70.000 personas”?
No. Esa afirmación sería imprecisa, lo que se puede decir, con rigor, es lo siguiente:
- Medios israelíes reportaron que un funcionario militar habló de una estimación total de muertes durante la guerra cercana a 70.000.
- La IDF aclaró que lo publicado no constituye un dato oficial.
- La expresión “durante la guerra” no asigna causalidad exclusiva.
- El total incluye combatientes y no está desagregado públicamente.
- No existe una admisión formal de responsabilidad causal total por parte de Israel.
Confundir estos puntos equivale a simplificar un debate complejo y a sustituir análisis por consignas.
Hablar de decenas de miles de muertos exige un estándar de precisión máximo. La cifra de 70.000 (sea cual sea su valor final tras auditorías futuras) representa una tragedia humana enorme. Pero la tragedia no se esclarece mejorando titulares a costa de la exactitud.
Distinguir entre:
- El total de muertes,
- La atribución causal,
- La composición civil/combatiente,
- y el estatus oficial de las cifras,
Esto no es un ejercicio de relativización, sino una obligación periodística y analítica. Sin esa distinción, el debate se convierte en ruido, y las víctimas (todas) quedan atrapadas en una guerra de cifras que no honra la verdad.