Del Mercado al Estadio: dos escenarios, un mismo mensaje que el Gobierno no quiere escuchar

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

La visita del presidente Rodrigo Chaves al mercado fue presentada por su equipo como un ejemplo de cercanía con la gente: abrazos, fotos, saludos y un discurso que insistía en la “continuidad”. Sin embargo, esa imagen cuidadosamente construida chocó frontalmente con lo que ocurrió horas después fuera del Estadio Nacional, donde miles corearon “¡Fuera Chaves!” sin libreto, sin micrófonos oficiales y sin cámaras alineadas al Gobierno.

Son dos escenarios distintos, sí. Pero reflejan un mismo país: uno que los políticos creen leer… y otro que realmente existe.

La caminata en el mercado fue un acto controlado, donde se muestran solo las sonrisas y no los cuestionamientos. En cambio, lo del Estadio Nacional fue lo que surge cuando la ciudadanía no está siendo observada por la maquinaria oficial: un grito crudo, espontáneo, nacido del cansancio. No del odio, sino del hartazgo.

Mientras el Gobierno insiste en que la gente respalda la continuidad, la realidad parece decir lo contrario. La narrativa oficial quiere instalar que Costa Rica está satisfecha, que todo va por buen camino, que el liderazgo actual inspira confianza. Pero basta salir del set político para notar que la ciudadanía vive otra película.

En el mercado, el presidente se movía como figura central, rodeado de simpatizantes y cámaras: un ambiente donde nadie contradice, donde la crítica se ve mal y donde todo parece armonía.

En cambio, en el Estadio Nacional, sin guardianes de imagen ni asesores de comunicación, el país se expresó como es: diverso, imperfecto, emocional… pero auténtico.

El grito “¡Fuera Chaves!” no fue un acto partidario. Fue un termómetro social.

Como señalaste, muchas personas ya no levantan banderas partidarias. Levantan la bandera de Costa Rica, porque están agotadas de:

los pleitos constantes,

la polarización innecesaria,

el argollismo disfrazado de “meritocracia”,

y la idea de que existe un único dueño de la verdad.

La continuidad que algunos prometen parece ser la continuidad del conflicto, del señalamiento y de la división. Y al país eso ya no le alcanza.

El mercado mostró la puesta en escena.

El Estadio mostró la realidad sin filtros.

Uno fue un acto político.

El otro, un acto ciudadano.

Y lo más revelador es que las voces del Estadio no surgieron desde una tarima ni desde un partido. Surgieron desde la gente común, desde jóvenes y adultos que fueron a disfrutar un concierto y terminaron expresando su frustración colectiva.

Porque aunque algunos traten de minimizarlo, la pregunta es inevitable:

¿Qué tan fuerte es un descontento para que se manifieste incluso en un concierto?

La ciudadanía está mandando señales claras. Y ignorarlas sería un error político y social. El país no quiere liderazgo basado en confrontación, sino en soluciones. No quiere discursos de fuerza, sino de coherencia. No quiere más dimes y diretes: quiere resultados y respeto.

Del mercado al Estadio, de lo planificado a lo espontáneo, de lo oficial a lo popular, se dibuja un mensaje que el Gobierno no debería pasar por alto:

Costa Rica quiere ser escuchada. No dirigida desde arriba.

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