Dejen que el gringo sea presidente

Donald Trump

Por Felix Kristia

Para gran cantidad de personas, por lo menos las que muestran un poco de interés en temas que tienen un impacto más allá de las propias fronteras, es inaudito que un empresario sin experiencia en administración pública haya conseguido tanto avance en su candidatura presidencial. Pero no, no es extraño que un millonario que puede lograr a adquirir casi cualquier cosa, y que al parecer aun no quede saciado, crea que puede estar a la cabeza de una Nación, como si se tratara de un capricho, un trofeo. Los antiguos nos heredaron que la existencia de las cosas inicia por su nombre y por ello me abstendré de mencionar el suyo.

Muchos fuimos sorprendidos por su éxito mediático. ¿Pero realmente es de extrañarse? El asunto de los medios de comunicación se basa en la popularidad y en lo inmediato, ya no en la trascendencia de la noticia; de hecho, han sido precisamente aspectos negativos los que han hecho del personaje un ente popular (mala fama es fama al fin y al cabo), y son los opositores, sus enemigos declarados, los que comparten las noticias en las distintas redes de información para lograr mayor cantidad de seres indignados. Acción contraproducente si se tiene en consideración que los flujos de información poseen un público conformado preponderadamente por humanos incapaces de digerir noticias, una población acostumbrada a pasar miles de páginas y artículos de manera fugaz y a leer únicamente los títulos de las notas, por lo que su capacidad de análisis es bastante limitada. A estos últimos solo les queda de recuerdo el nombre del candidato, lo demás se esfuma en pocos días.

Todo lo anterior nos hace comprender un poco acerca de la popularidad, pero que ésta no haya menguado a pesar de los meses que han pasado, se debe a otro factor un poco menos alentador tomando en cuenta que es su constante discurso de odio lo que hace sentir la repugnancia colectiva por parte de distintas etnias de este bello planeta.

Este sujeto ha sido eficaz porque viene proyectándose como un símbolo que se creía extinto. Él es el reflejo del alma de un gran conglomerado humano estadounidense que siente o piensa de la misma manera pero que les da miedo expresarlo públicamente. Lo cierto es que gran parte de la población de ese enorme país del norte posee un bajo nivel cultural (no es perfecto, como nos quiere hacer creer la TV), altos niveles de xenofobia, prepotencia, machismo y una censurada desigualdad. Los estadounidenses a los que aludo pertenecen al grupo del humano promedio, los anónimos, trabajadores de pequeñas empresas, empleados públicos, dependientes, burócratas… Llamémosle, el ciudadano común. Entre esta colonia de devotos encontramos a los herederos ideológicos del ‘destino manifiesto’ o a todos aquellos que enaltecían (y enaltecen) su supremacía racial pero que acostumbraban cerrar la boca para no recibir miradas de desprecio por parte de una comunidad globalizada que condena la intolerancia debido, entre otras cosas lógicas, a los desastres del siglo pasado. Muchos se reunían de manera clandestina, se integraban a grupos pseudo militantes, o apoyaban otras asociaciones ultra conservadoras; por lo que no, no aparecieron con el candidato, siempre han estado ahí, esperando por su mesías defectuoso, porque la humanidad siempre está en espera de ello.

Entonces, ahora resulta que un personaje popular, presuntamente importante (porque es conocido), puede hablar públicamente de todo lo que parecía ser políticamente incorrecto sin recibir represalia alguna. Ya no hay razón para que los enmascarados se repriman. Si yo tuviera que responder a la interrogante de: si creo que el candidato es tan racista como pretende ser visto; diría que no. Por supuesto que los delirios de grandeza son evidentes, pero me es difícil concebir que un magnate que ha quebrado un par de veces y se ha levantado; que ha estado a la cabeza de empresas sostenidas en gran parte por el sudor de distintos habitantes procedentes de diversas localizaciones, pueda ser tan ridículamente radical como hemos presenciado. Pero acentuar esta característica le ha logrado seguidores, y esto es lo más importante en el mundo. En resumen hasta aquí, su efectividad se basa en que juega muy bien las cartas de este siglo: la información masiva pasajera o “chatarra”, el bajo nivel de análisis de una mayoría bombardeada de noticias, y los obsoletos ideales de gran parte de la población gringa que (aunque lo oculten) siempre han creído en la frase “América para los americanos”.

Estados Unidos de América fue alguna vez un símbolo, para bien o para mal, del progreso y de nuevas oportunidades; las almas que juntas crearon ese gran cuerpo llamado país se nutrieron de ese símbolo. Pero hoy en día los espíritus se han invertido, una Nación ahora parece ser definida por una sola persona. Ya no están aquellos valientes que deseaban asumir el liderazgo con el fin de ver a su país crecer junto a sus hermanas y hermanos; ahora solo nos quedan los coleccionistas de poderes efímeros (y ojo aquí, porque no es una realidad muy diferente a la que muchos tendremos que afrontar pronto). Los “Estados” se han ocupado de cosechar esto durante mucho tiempo y los cimientos de su fundación quedaron extraviados. Sinceramente una parte de mí desea que ese sujeto sea electo: porque es el presidente que Estados Unidos se merece.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

[tipocambiocompra]
[tipocambioventa]

Últimas noticias

Edicto