
La libertad del hombre reside en la sociedad, porque el hombre por sí mismo es limitado en recursos, es esclavo de sí mismo, mientras que en sociedad, el hombre trasciende su esencia misma y se vuelve parte de un todo mucho más complejo, capaz de crear, innovar y hacer del mundo un lugar más agradable y maravilloso, o claro está, más problemático y caótico, quizá y solo quizá el hombre primitivo nómada, al entender esta capacidad del ser humano, apostó por vivir en sociedad y renunciando a la mayoría de sus derechos personalísimos, los entregó a la conformación de la sociedad primitiva, donde se constituyó el régimen de las libertades colectivas y con ellas el nacimiento del Estado que ha evolucionado hasta el que conocemos en la actualidad.
“Cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad. Cuando la gente teme al gobierno, hay tiranía” Thomas Jefferson
Es precisamente desde la confianza que el hombre depositó en el Estado, donde nacieron los mecanismos para ejercer el poder, cuyos gobernantes se constituyeron en los representantes del Estado y les fueron dispuestas las herramientas necesarias, para que pudiesen erradicar o reformar toda aquella conducta que violentara o amenazare violentar las libertades propias del ser humano, nuestro primer Jefe de Estado Juan Mora Fernández, resumió muy bien este concepto en su histórica frase: “Desea el Ejecutivo que el Estado sea feliz por la paz, fuerte por la unión, y que sus hijos corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos”.
Y es que desde la antigüedad y hasta nuestros tiempos modernos, es precisamente esto, lo que los costarricenses esperamos del Estado, que este sea garante de todas las libertades sociales, las que nos unen, las que nos identifican como nación, y es aquí que vale la pena traer a colación lo dicho por don Rodolfo Piza, Coordinador de la Comisión para la Reforma del Estado Costarricense, cuando dejó entrever de su labor: “Iniciaremos un diálogo que desencadene en acciones que nos permitan avanzar hacia un Estado eficiente y cercano a la sociedad costarricense.”
Ciertamente, Costa Rica necesita urgentemente una reforma estructural integral y generar un mecanismo que permita a los gobernantes, en su finalidad de proteger las libertades sociales del pueblo, accionar con total eficacia y agilidad en la toma de las mejores decisiones para nuestro país, pero ojo ahí, el mandato de Gobierno ha sido otorgado para un fin específico, asegurar las libertades sociales del pueblo y es a través de esa garantía que se acerca e identifica al pueblo con su gobierno, por lo cual dicha reforma deberá propiciar la unión y fortalecimiento del Estado y sus relaciones con los ciudadanos, marcándose como norte la protección de las libertades colectivas muy por encima de las individuales, lo cual no es otra cosa que un principio básico en derecho, dicho sea de paso, muy olvidado en la actualidad.
Diariamente nos invaden titulares que versan sobre temas de crisis, no obstante, existe un mal mayor que pasa casi desapercibido, la pérdida de la identidad y respeto del costarricense hacia el Estado, cuya confianza se construyó sobre la necesidad de trascender como ser humanos a través de la unión, apoyo y cooperación mutua, un ideal que cada vez es menos palpable en una sociedad que busca más el beneficio individual que el grupal, por ello, es dable a entender que la reforma integral del Estado debe comenzar por la propia casa, evidentemente, nuestro sistema de gobierno posee en este momento muchísimas carencias, pero el Estado no es otra cosa que el fiel reflejo de la identidad país que diariamente construimos todos los ciudadanos.
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