
Llevo aproximadamente un año trabajando en política, algunas personas se me acercan y preguntan ¿A usted le gusta eso? ¿Por qué lo hace? ¿Qué gana? En política nunca se puede trabajar por lo que yo gano, sino por la manera en que puedo aportar a mi región o comunidad para ganar todos. Cuando uno sale a la calle escucha voces de gente criticando, también ocurre en las redes sociales, y caigo a la conclusión de que en Costa Rica ya hay mucha gente criticando, lo que cuesta es ver gente haciendo. Gente trabajando, preocupándose por el lugar donde vive; nada va a cambiar si no nos ponemos a cambiarlo.
La desigualdad social, uno de los más grandes problemas que enfrenta nuestro país, no va a disminuir si nos sentamos y empezamos a señalar a los políticos, a los de arriba. Sí, son los dueños de los medios de producción, la burguesía como tal, la que nos mantiene bajo el zapato, pero hemos caído en una zona de confort diciendo: “yo estoy así por culpa de él, ella, etc.” El pueblo jamás será escuchado si no alza su voz con coraje, con tanta fuerza y valentía hasta que se haga escuchar. Los pobres oprimidos, en un sistema capitalista cuya finalidad es hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, no dejarán de ser pobres hasta que ellos luchen por dejar de serlo.
Hay escándalos de corrupción de gran magnitud entre los “encargados” de manejar Costa Rica, pero nuestro trabajo como ciudadanos jamás será sentarnos a señalar a los corruptos como corruptos. Lo que quiero es dirigirme a la gente indiferente en temas de política, aquellos que prefieren votar a favor o en contra del matrimonio homosexual, ¡por Dios! Que los homosexuales se casen o no, pasa a segundo plano, cuando debemos preocuparnos por la disminución del índice de pobreza, mejoras en temas de educación, empleabilidad para el grueso de costarricenses que hoy no tienen empleo. Los valores y principios, siempre tergiversados dependiendo de la religión, pasan a segundo plano cuando necesitamos un gobernante que defienda los derechos de las personas, y no solo los derechos de los gays de casarse, pero también los derechos de cada ciudadano de contar con un salario digno, para él y su familia, con techo, hogar.
No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando los arriba recortan el presupuesto para las universidades, cuando todos sabemos que es gracias a la Universidad de Costa Rica, en primera instancia, y a todas las demás universidades públicas, que hoy día muchos costarricenses tienen una vida digna, pues la educación superior pública es un puente de movilidad social.
Pero no podemos quedarnos sentados frente al televisor, preocupados porque el Herediano lleva dos derrotas consecutivas, o por los lesionados de la Liga, o porque Saprissa ha tenido un gran arranque de torneo. Debemos levantarnos, como pueblo, exigir que hayan gobernantes que nos saquen de la difícil situación en la cual se encuentra nuestro país. Cuando la voz del pueblo se escuche, los de arriba no podrán hacerse los sordos, porque somos más y haríamos más escándalo que el mismo Cementazo.
Pero somos indecisos, nos quedamos criticando, no vamos a votar, nos abstenemos, y todo esto incrementando la posibilidad de una segunda ronda, algo que significaría más gasto. En Costa Rica ya hay mucha gente criticando y la sociedad se ha polarizado, en un bando están los conservadores (los que apoyan la familia, “el diseño de Dios”), en el otro están los revoltosos, quienes por gustarse entre ellos, sin importar el sexo, quieren andar por la calle deliberadamente exhibiendo su aberrante conducta. ¡Eso importa un carajo! Cuando hay personas en Costa Rica que deben arreglárselas para comer con un salario más bajo que el mínimo. Lo que cuesta es ver gente haciendo, gente peleando por lo que realmente debemos pelear. Si se exigen derechos para todos, los pobres también tenemos derecho a un salario mínimo digno, a una justa jornada laboral, a ser gobernados por un presidente que escuche el gemir de aquellos que mueren de hambre.
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