
Los hechos que han sacudido a la “Suiza Centroamericana” en las últimas semanas, le han dado la vuelta al Mundo en relación con las denuncias por abuso sexual, contra Oscar Arias Sánchez, dos veces Presidente de la República y Premio Nobel de la Paz.
Las denuncias fueron interpuestas por dos mujeres ante la Fiscalía de Género y otras féminas más en diferentes medios de comunicación, ante hechos similares que evidencian que fueron violentadas en su integridad personal, dejando al descubierto que clase de cultura de “paz y equidad social”, se práctica a lo interno de este país y lo desprotegidas y desamparadas que nos sentimos todas las mujeres en Costa Rica.
Lo anterior lo expreso especialmente ante el manejo que las “instituciones públicas” encargadas de velar por la “protección de nuestros derechos” no realizan. Más allá de los tambores de guerra que siempre retumban, cuando de nuestra integridad sexual y reproductiva se trata.
Es evidente que en este país, toda mujer que haya sido objeto de algún tipo de agresión a su integridad personal, será criminalizada al momento de interponer una denuncia, sea esta por violación, acoso sexual, acoso laboral, violencia doméstica o cualquier otro hecho que haya lesionado su intimidad o espacio físico, a pesar de lo que expresen las autoridades competentes hacia el exterior, en cuanto a la lucha que libran cada día, contra la naturalización de la violencia hacia las mujeres en Costa Rica.
Esta República en apariencia “democrática”, es todo lo contrario cuando se trata de enfrentar la violencia contra las mujeres, ya que el “sistema legal” con todo su “aparato institucional”, instantáneamente transformará a la víctima en victimario; debido a que si ésta fue objeto de una agresión, se le hará creer a ella y a todo su entorno, dentro del ámbito público y privado que por “Ser Mujer”, tuvo la culpa y responsabilidad absoluta de que se suscitaran tales hechos. Porque de una u otra forma, incitó al acusado a que reaccionara con su beneplácito o mal interpretó de todas formas, una conducta y reacción que está naturalizada y es habitual, dentro del amplio “espectro socio-patriarcal” que nos “gobierna.”
Así este mecanismo al que me estoy refiriendo, se denomina criminalización de la víctima y es, una verdadera “arma de guerra” en todo proceso judicial, donde se ventilen hechos que a todas luces, involucran la figura de acoso y violencia sexual, contra cualquier persona. Hay que resaltar sobre todo que se hace explícita y muy útil, para desacreditar a la víctima de acoso sexual, cuando esta es una fémina, porque la transforma en co-responsable de las agresiones a las que fue sometida en el sentido de haberse prestado, ya sea de forma consciente o inconsciente, para que el hecho ilícito ocurriera y así, el verdadero agresor o depredador sexual, quedaría exento de todo cargo o imputación.
De esta forma, mucha Atención Mujeres, ya que con este mecanismo se nos pretende violentar nuevamente nuestros derechos, pero esta vez con argumentos falaces, mismos que buscan sostener que “nunca hemos sido víctimas” y por ello, la conducta del supuesto agresor no es ilegítima.
Frente a esta situación, las Universidades Publicas deberían de alzar la voz, junto con los y las especialistas en el tema, para visibilizar la criminalización de las víctimas, aunque a estas alturas los que “imparten cátedra”, están más preocupados de salir a defender sus pluses salariales y autonomía universitaria, pero en materia económica en lugar de defender, los derechos de quienes han sido violentadas de alguna manera y aún, siguen clamando JUSTICIA.
Porque no basta con amenazar con quitarle alguna “credencial honorifica”, otorgada por compromiso a un depredador sexual, ya que más bien se debería predicar con el ejemplo, y limpiar los “centros de estudios superiores” de este país que están plagados de sujetos de esta calaña que han logrado posesionarse y escalar a lo interno, gracias al beneplácito de los “encargados de administrar justicia” que a estas alturas, están siendo más que observados por movimientos como #Me Too al que deberíamos de acudir todas, cuando la justicia no es ni pronta y mucho menos cumplida…
Porque el poder del agresor radica en el silencio de sus víctimas, por ello NUNCA PERO NUNCA, DEBEMOS GUARDAR SILENCIO.
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