Costa Rica: un destino con alma humana

» Por Boris Marchegiani - Empresario turístico

Cuando llegué por primera vez a Costa Rica, no fue su naturaleza la que me trajo aquí.

Ya había visto montañas imponentes, mares infinitos y selvas majestuosas en muchos rincones del mundo. Y, pensándolo bien, es la calidez humana de Rumania y Turquía la que guardo como un recuerdo grato y feliz, más que los lugares que todos desean conocer —París, Nueva York, Londres y tantos otros.

El mundo ha cambiado: está lleno de conflictos, de tareas interminables, de rutinas… y, sobre todo, de una creciente falta de tranquilidad social y espiritual.  Esa sensación de bienestar, tan presente en Rumania y Turquía, era lo que me hacía recomendarlas con entusiasmo.

Sin embargo, todo cambió hace más de veinte años, cuando aterricé en Costa Rica.

Porque nunca había encontrado algo como su gente.  La calidez del saludo, la sonrisa que nace sin esfuerzo, el respeto por la vida, la paz y el tiempo.  Aquí comprendí que el verdadero tesoro de este país no está solo en su biodiversidad, sino en su humanidad.  Esa humanidad es la que me inspira hoy a creer en un nuevo modelo de turismo:  uno que no sea solo una industria, sino una fuerza viva de inclusión, educación y desarrollo humano.

Costa Rica tiene un corazón que late al ritmo de su gente —y es ese corazón el que queremos fortalecer.  Por eso creo en un turismo que empodere no solo a los grandes hoteles —que tanto necesitamos y que contribuyen a posicionar nuestro país en el mundo—, sino también a las MIPYMES, a los pequeños emprendedores y a las familias que cada día abren sus puertas para compartir un pedacito de su historia con el mundo.

Un turismo que no solo traiga visitantes, sino que cree oportunidades reales.

Que enseñe a competir no desde el tamaño, sino desde el talento, la autenticidad y la innovación.  Queremos acompañar a quienes sostienen este sector en cada rincón del país —capacitándolos, reduciendo costos, abriendo mercados y llevando tecnología y conocimiento a cada comunidad.  Pero, sobre todo, queremos un turismo que conserve el alma tica.  Porque en un mundo cada vez más acelerado y digital, lo que la gente busca no son solo destinos: buscan experiencias con sentido, lugares donde sentirse parte de algo humano y verdadero.

Ahí está la oportunidad de Costa Rica.  Nuestro futuro no se medirá solo en cifras, sino en cómo logramos que el bienestar llegue a más personas; en cómo cuidamos nuestras raíces mientras miramos hacia adelante.  Por eso hablamos de ecología humana y social:  porque cuidar el planeta empieza por cuidar a quienes lo habitan; porque un país verdaderamente sostenible es aquel donde su gente vive con dignidad, con conocimiento y con propósito.

Queremos que cada turista que llegue a Costa Rica no solo admire nuestros paisajes,
sino que descubra el alma de nuestra gente; que se lleve una lección de convivencia, respeto y alegría de vivir.  Esa es la Costa Rica que me enamoró.  La que me enseñó que la belleza más profunda no se mira, se siente.  Y esa es la Costa Rica que me encantaría que todos continuemos construyendo, una Costa Rica donde el turismo no sea solo una visita, sino un encuentro entre corazones.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

495.29

501.76

Últimas noticias

Edicto