Costa Rica en llamas

» Por Diana Chaves - Administradora de Empresas

En las calles, en reuniones familiares, en redes sociales: el ambiente que nos rodea en el día a día nos sugiere una cosa: Costa Rica está en llamas. Una disputa civil entre dos bandos extremos – y todos los del medio. Por un lado, están quienes hacen mención a Fabricio Alvarado y el partido Restauración Nacional como: “religiosos cochinos”, “ignorantes”, “retrógrados” y “cavernícolas”.  Por otro, están quienes se refieren a Carlos Alvarado y el PAC como: “sindicalistas chupa sangre”, “marioneta de otros frustrados”, “estúpidos del PAC ladrando como perros”. Sí, todas esas palabras las he leído con mis propios ojos y creo que no soy la única.

Tristeza, indignación, enojo: no sé cuál de estos sentimientos retumban más en mi estómago cuando leo estos comentarios. Podremos estar en total desacuerdo con los dos finalistas en estas elecciones, pero insultarnos los unos a los otros, no nos va a dejar absolutamente nada. Ni un voto más, ni un voto menos. Opinar distinto a los demás no está mal, ¿pero por qué es que creen que, denigrando y humillando de una manera tan despectiva, algo van a ganar?

El discurso del odio y la radicalización violenta en todos lados es algo que se incrementó en las últimas semanas de manera desproporcionada. No podemos entrar a una peluquería sin que se mencione el tema, no podemos ir a tomar un café sin que nos digan “por quien votar” o “por quien no votar”, no podemos entrar a Facebook cada mañana al despertar sin encontrarnos con un post controversial o que insulta a algún grupo de costarricenses.

Para no ser hipócrita, puedo decir que sí soy de esas personas que estamos en el medio, quienes no tenemos idea hacia donde agarrar, quienes no compartimos los ideales de ningunos de estos dos partidos políticos y que hubieran preferido otro resultado. Sin embargo, lo he dicho antes y lo repito una vez más: esta es la realidad del país, y hoy, ya no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Lo que queda en nuestras manos es informarnos y apoyar a quien creamos, puede, cumplir mejor con lo que buscamos para el futuro de nuestro país. Como joven de 24 años, doy gracias a las generaciones que vinieron antes que yo y que por medio de la democracia que compartimos hoy, me entregaron a mí y a mi generación, el país que hoy me siento orgullosa de decir es donde nací, Costa Rica.

Siempre hemos sabido que somos privilegiados de pertenecer a un país como Costa Rica, pero hasta estas últimas semanas, creo que muchos nos hemos dado por sentado muchas cosas. Quién no se siente orgulloso, pero, sobre todo, agradecido, de tener un país que cuenta con educación gratuita y obligatoria, la CCSS, un código de trabajo, garantías sociales y, sobre todo, de ser un país sin ejército. Somos un país que cuenta con un Tribunal Supremo de Elecciones que es honesto, y que, en el día de las elecciones, nos entregó los resultados en un lapso impresionantemente rápido. Somos un país en donde por más diferencias, podemos participar de actos cívicos en paz, sin temer por nuestra seguridad. Por esta, y muchas más razones, es que me convenzo cada día más, de que nuestro esfuerzo y lucha por el bien del país, es prácticamente obligatoria.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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