
La identidad nacional costarricense desde su base constitutiva y como construcción ideológica de una democracia emergente, siempre hizo referencia al hecho imaginario de que todos éramos hermanos e iguales, idea que aún prevalece relativamente viva en determinados círculos de nuestra idiosincrasia, pretendiendo desde el discurso cultural, hacer hincapié en una integración ciudadana “inclusiva y pro Derechos Humanos”, como marco de un concepto que se vende hacia el exterior o buscando mediar frente a conflictos internos, mismos que exponen una serie de individualidades sociales, políticas y económicas, inherentes al quehacer histórico de ésta República, multiétnica y pluricultural.
Sin embargo la realidad que nos caracteriza como Nación, cada vez se aleja más de la equidad social, la cual para los efectos inmediatos, ha sido violentada y corroída desde el espectro económico y político de un sector importante de la ciudadanía que se percibe por encima de los demás, debido a que si miramos en retrospectiva a nuestra idiosincrasia, basta con observar los malos ejemplos en cuanto al manejo y distribución de las finanzas durante los últimos años, decayendo ante una administración deficiente y corrupta de gran parte de sus funcionarios públicos, evidenciando que la crisis económica que vive Costa Rica en la actualidad, le puede ser indiferente a los mismos mientras que a otros jamás, por las grandes asimetrías en cuando a la tutela de su peculio en el corto, mediano y largo plazo.
Porque es impensable asumir para una parte de la población, la disparidad y polarización económica que está ahogando al país, precisamente por ese individualismo que expresan sus ciudadanos, el cual incluso permite que convivan en ésta democracia representativa y ausente de ética y moral dentro de su función pública, costarricenses considerados por muchos, como de primera, segunda, tercera y hasta cuarta categoría.
No es claro si en realidad existe, voluntad política desde un compromiso social demócrata, social cristiano y menos desde otras corrientes de pensamiento e ideologías que por lo visto, durante ésta coyuntura político-social, no están interesadas en enfocarse en el bienestar general de todos los costarricenses, sin que medien intereses de cualquier índole para enfrentar la corrupción institucionalizada, anquilosada desde los altos gremios en disputa pública y en defensa de sus pluses salariales, concretando un cambio tangible en el corto tiempo hacia la búsqueda de una Costa Rica Bicentenaria que haya madurado en su gestión estatal, al aprender de sus errores pasados para no repetirlos más.
Por ello cuando los versados en materia tributaria, elaboran un Proyecto de reforma a las finanzas públicas, donde la recaudación de impuestos se encuentra igual de polarizada que la población, es que se evidencia la inequidad palpable más allá de lo que algunos puedan argumentar, como resultado de una mala administración de diversos gobiernos, quedando al descubierto el costarricense “labriego y sencillo”, pero como objeto y producto de un clientelismo de vieja data, demagogo e instaurado desde cualquier estrato social; el cual no permite que avance el país en materia tributaria, para no poner en riesgo el estado de confort propio como también ajeno que lo ha pseudo- alimentado, desde que tiene memoria como pequeño burgués o no.
Debido a que ni siquiera hacemos honor a nuestro himno nacional, al permitir que otros enarbolen una,“ lucha tenaz” pero de “infructuosa labor” al marchar por las calles de éste país en nombre de los interés de gremios corruptos que se han transformado en elefantes blancos dentro de ésta democracia representativa, pero solo de unos pocos, creando confusión en la ciudadanía que se encuentra desencantada con los políticos de siempre y además, asqueada con el mal ejercicio de la política y la prostitución de varias de sus entidades públicas, al permitir que la inequidad social disfrazada de individualismo, forme parte de nuestra idiosincrasia, cada vez menos equilibrada dentro de América Latina y donde las universidades públicas, están dando su peor ejemplo en ésta materia y otras, ausentes de toda ética y moral dentro del ejercicio de sus funciones…
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