
El diálogo y la negociación es la vía costarricense. Nacimos como nación al calor de las opiniones contrapuestas entre conservadores y liberales. Supimos asumir el reto de la libertad frente a la diferencia de criterios de unos y otros. Vimos la luz como República en diálogo y negociación.
Ante la aceptación de esta realidad patria, resaltamos con júbilo, la sabiduría que percibimos en la decisión del Gobierno de Carlos Alvarado y de las organizaciones sindicales de aceptar la mediación de la Conferencia Episcopal Católica. Encontrar un espacio para dirimir las diferencias que nos separan como sociedad, ante el proyecto de ajuste fiscal, es el camino correcto.
Observamos en redes sociales y en los medios de comunicación una explosión de violencia verbal. Leemos insultos para quien no piensa igual. Las groserías que se expresan son absolutamente inmerecidas. Nadie tiene derecho de silenciar la voz de otro u otros por pensar diferente. Hombres y mujeres, sencillos y cultos, profesionales y agricultores somos parte de esta tierra bendita. Es nuestra obligación encontrar siempre los caminos del diálogo y la negociación. Habremos de ganar posiciones pero también ceder para alcanzar la armonía con la otra parte. Debemos ser el pueblo del equilibrio. La historia nos muestra lo atinado y prudente de conversar. También lo insensato y necio que es cerrar las vías de los acuerdos.
Algunos medios de comunicación han asumido posición frente al proyecto de ajuste fiscal pero no lo expresan abiertamente. Transmiten su verdad como “la realidad objetiva” para los lectores, escuchas o televidentes. Estos cuerpos democráticos deben abrir espacios de nobleza. Abrir páginas y espacios a quienes piensan distinto. Eso les dará autoridad moral para ser un verdadero medio para sugerir una postura. Es inmoral que haciendo uso del poder que les otorga la comunicación, expresen una posición como la única verdad. Cualquiera que sea el criterio que compartan, es incorrecta la estrategia de comunicación porque caemos en manipulación y engaño.
Mantengamos viva la imagen de Costa Rica. Consolidemos día a día, la fuerza moral que nos ha hecho grandes ante el concierto de las naciones. Asumir esta actitud nos permite caminar hacia acuerdos superiores. Nuestro país urge de entendimientos más allá de la inmediatez del plan fiscal.
Confío en el buen sentido de la estirpe costarricense. Esta familia nos honró al elegirnos como sus representantes ante la Asamblea Legislativa y desde aquí, juro ser un canal para que Costa Rica siempre pueda dialogar y negociar.
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