Costa Rica entre la confusión y la esperanza

Costa Rica está viviendo una de sus crisis más profundas en términos de credibilidad institucional y confianza ciudadana. La gente ya no cree en los partidos, ni en las figuras políticas tradicionales, ni en las nuevas que surgen sin mayor sustento que una buena estrategia de marketing.

No obstante, el ambiente político está calentando, con aproximadamente 20 partidos políticos, anunciando su aspiración a la silla presidencial, en donde la carrera electoral parece convertirse en un desfile de nombres, eslóganes vacíos y ataques personales, más que en una verdadera competencia de visiones para el país.

Está claro, que el electorado quiere escuchar propuestas claras, sobre cómo enfrentar el desempleo, cómo reactivar la economía, cómo mejorar la educación pública y cómo rescatar la seguridad ciudadana, entre tantos otros temas urgentes.

Cabe destacar que, en campañas políticas anteriores, lo que debió ser una fiesta democrática, se convirtió en un espectáculo de egos y frases populistas, donde los insultos reemplazaron los argumentos y las descalificaciones personales se anteponen al diálogo respetuoso y la construcción colectiva.

La democracia costarricense ha sido históricamente un ejemplo en la región, pero hoy enfrenta uno de sus mayores desafíos: la pérdida de credibilidad en quienes ostentan el poder. Recuperar esa confianza no es tarea fácil, pero es urgente. Y esa reconstrucción empieza con candidatos que respeten la inteligencia del electorado, que hablen con honestidad y que presenten propuestas realizables, no promesas vacías ni espectáculos mediáticos.

Costa Rica necesita líderes con ética, con trayectoria, con compromiso real. Personas que entiendan que gobernar no es un juego de popularidad, ni una plataforma de vanidades, sino un acto de servicio al país.

También es momento de que la ciudadanía asuma un rol más crítico. Debemos exigir más. No basta con decir “todos son iguales”; debemos informarnos, cuestionar, comparar propuestas y votar por quienes verdaderamente ofrezcan soluciones, no más división, ni show político.

Aún estamos a tiempo, necesitamos menos aspiraciones personales y más visión de país. Menos gritos, más ideas, menos insultos, más respeto, menos promesas, y más compromiso.

No podemos seguir votando por el que más grita, el que mejor se vende o el que más insulta. Es momento de levantar el estándar. Un país no se construye desde el resentimiento ni desde el aplauso fácil, sino desde el análisis serio, el debate respetuoso y la voluntad real de solucionar problemas.

Finalmente, hoy, más que nunca, necesitamos políticos que no teman a la crítica, sino que la enfrenten con argumentos, propuestas y resultados. Costa Rica no necesita más líderes reactivos, necesita líderes proactivos. No más ofendidos profesionales, sino servidores públicos que conviertan el malestar ciudadano en políticas públicas que funcionen.

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