Costa Rica: centro mundial de descarbonización deportiva

» Por Dr. José Rodrigo Rojas M. - Investigador Eco-eventia, Costa Rica

Costa Rica se ha caracterizado por ser una nación pionera y líder en transformar y materializar planes y programas en favor del desarrollo sostenible. Los parques nacionales, el sistema de pago por servicios ambientales, el acceso universal al agua, la cobertura eléctrica, la generación de electricidad con fuentes casi 100% renovables y el Plan Nacional de Descarbonización, son solo algunos ejemplos. Sin embargo, estas acciones no parecen contribuir, lo suficiente, a solucionar los profundos problemas estructurales y ambientales inducidos por el actual estilo de desarrollo y nuestra forma de relacionarnos con la biosfera. Hay indicios, así lo indica el reciente Informe Estado de La Nación 2018 (IELN-2018), de que las acciones del gobierno son insuficientes para enfrentar y contener el desequilibrio ambiental y que las iniciativas, de la sociedad civil, mantienen un perfil filantrópico, son efímeras, esporádicas y desarticuladas.

Algunos indicadores ambientales, como la relación entre la bio-capacidad del territorio nacional y la huella de carbono, han desmejorado y siguen arrojando resultados negativos, detalles en IELN-2018. Cada año se requiere más inversión para contener (no solucionar) los problemas recurrentes que se derivan de los patrones insostenibles sobre el suelo urbano, la gestión de residuos, la vulnerabilidad del recurso hídrico y el aumento de energía fósil para el transporte. Lo que hasta hace menos de una década era un problema de la GAM, hoy es una metástasis ecológica que alcanza urbes satelitales como Guápiles, Pérez Zeledón y Ciudad Quesada. La salud ambiental del país se complica, estamos en sala de emergencia y el diagnóstico es reservado.

¿Qué podemos hacer para frenar esta tendencia? Lo primero, estar conscientes de que todos tenemos una responsabilidad ética compartida por preservar la única nave espacial que tenemos. Es en la que viajaron nuestros ancestros, es en la que estamos viajando y es en la que viajarán nuestras futuras generaciones. Lo segundo es reconocer que nuestra cotidianidad genera consumos de energía, agua, emisiones y residuos y que es obligatorio convertirnos en agentes capaces de transformar, hasta el deporte, en algo sostenible. Satirizamos el transporte como el principal emisor de gases de efecto invernadero y nos quejamos por los buses o carros que emiten humo, partículas y ruido. Mucho cuidado, hacer deporte, en este caso correr, puede significar la liberación de cientos de toneladas de CO2 equivalente al año, hagamos cuentas.

Un corredor (runner) promedio entrena, mínimo, tres veces a la semana. Para llegar al entreno recorre entre 10 y 20K diarios, usa vehículos sencillos o de doble tracción, de combustión interna (gasolina) que generan emisiones de CO2. Los fines de semana, normalmente hacen fondos con distancias que van entre 10 y 25K. Durante esos largos recorridos usan bolsas para contener agua o hidratantes (generando residuos plásticos y emisiones). Compran indumentaria deportiva al menos dos veces al año (cada prenda tiene factores de emisión que adicionan carbono) y su dedicación los lleva a viajar, mínimo una vez al año, fuera de Costa Rica para competir en maratones internacionales en Europa, Estados Unidos e incluso China (los vuelos incrementan exponencialmente la huella de carbono). En resumen, correr acelera el cambio climático. Próximamente, los datos de huella de emisiones de un corredor (a) tipo costarricense.

Ante el escenario, estamos en la obligación de sumarnos al esfuerzo mundial para combatir el aumento de temperatura global. Como gremio tenemos una excelente oportunidad de solidarizarnos con el plan de descarbonización, lanzado recientemente por el señor presidente. ¿Cómo sumamos? Primer paso, conozca su huella deportiva y las opciones para mitigarla o compensarla. Segundo, es fundamental modificar los hábitos deportivos, por ejemplo, comparta el transporte para ir a entrenar y hacer fondos, si puede use bicicleta o adquiera un vehículo eléctrico. Durante los entrenamientos de largas distancias use botellas de vidrio en puntos fijos, evite usar bolsas plásticas. Si viaja al extranjero, compense las emisiones de CO2, existen estándares y en el país hay diferentes formas de hacerlo.

Correr en Costa Rica se ha transformado en una de las actividades más populares, todo el país se ha tirado a las calles, al campo y las montañas. Han surgido decenas de equipos y después del fútbol, es quizás la actividad que más aficionados adiciona. Estas son buenas noticias, para una nación que sigue apostando por liderar transformaciones ambientales justas, inclusivas, resilientes al cambio climático y bajas en emisiones de gases de efecto invernadero. Sigamos corriendo con pasión y entrega, gocemos de cada kilómetro como deportistas con sello C- neutro solidarios. Si cada corredor se comprometiera a reducir su huella, nos convertiríamos en el centro mundial de la descarbonización deportiva, atraeríamos la atención mundial de corredores élites que quieran venir a correr a Costa Rica, el país de las carreras sostenibles. Los certificados de carbono podrían destinarse a apoyar más actividades deportivas para niños y adolescentes en riesgo social. Podríamos generar polos de innovación con sentido e industrias de progreso social dedicadas a indumentaria deportiva resiliente. Con este compromiso, avanzaremos hacia un planeta más sostenible y una sociedad más sana y feliz.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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