En el escenario político nacional actual, es evidente que una parte importante de la ciudadanía no se siente plenamente representada por algunos partidos tradicionales. Aquellos que han ejercido el poder durante décadas enfrentan hoy el desafío de responder a nuevas demandas sociales, especialmente cuando existen percepciones de prácticas como el favoritismo, el uso prolongado de estructuras de poder y una desconexión con las prioridades reales de la población.
Asimismo, el debate público se ha visto marcado por posturas ideológicas y doctrinarias que, si bien forman parte de la diversidad democrática, no siempre abordan de manera directa los problemas más urgentes del país. La ciudadanía espera que el foco esté puesto en soluciones concretas y consensuadas.
Nuestro país necesita avanzar hacia un modelo político equilibrado que promueva el crecimiento económico sostenible, la generación de empleo, la seguridad y el respeto hacia todos sus habitantes. Se requiere liderazgo responsable, transparencia en la gestión pública y un compromiso genuino con el bienestar común. Más allá de diferencias partidarias, el desafío es construir una opción que represente a la mayoría, con madurez, ética y vocación de servicio.
Costa Rica necesita conformar un equipo de gobierno sólido y responsable, integrado por personas con experiencia comprobada en el trabajo y en la gestión de recursos. No se trata únicamente de experiencia en cargos políticos, sino de capacidad real en el manejo eficiente de recursos financieros, humanos, tecnológicos y administrativos, fundamentales para el buen funcionamiento del Estado.
El país requiere líderes comprometidos con el trabajo serio y constante, más allá del protagonismo político, la retórica excesiva o las estrategias basadas en popularidad momentánea. La ciudadanía demanda servidores públicos que privilegien los resultados, la planificación y la responsabilidad, por encima del ruido mediático o los discursos vacíos.
Costa Rica busca personas que estén dispuestas a trabajar con ética, transparencia y vocación de servicio, actuando siempre en nombre de los ciudadanos que les han otorgado su confianza. Gobernar implica responsabilidad, respeto por los recursos públicos y un compromiso genuino con el bienestar nacional.
En este contexto, la crisis política que enfrentamos no es una simple coyuntura pasajera, sino un llamado urgente a fortalecer nuestras instituciones y a construir un proyecto político capaz de superar las divisiones y responder a las necesidades de las nuevas generaciones.
Las y los jóvenes costarricenses, así como quienes buscan estabilidad y oportunidades para trabajar, crecer y prosperar, merecen un entorno en el que puedan desarrollar su potencial y contribuir al bienestar común con confianza y esperanza.
Finalmente, las elecciones nacionales de febrero de 2026 han convertido el proceso político en una verdadera búsqueda de liderazgo responsable y capaz.